Rostro de Cristo

“Orando en toda ocasión e intercediendo también por mi para que me sea dada la palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con audacia el misterio del Evangelio.” (Ef 6, 18-19)

Dame tu boca

Dame tu boca para que pueda
dar de beber a mi hermano,
palabras que son Vida Eterna
luz que ilumina sus vidas.

Salir cada día a tu encuentro,
buscarte desde mi debilidad
sentirme vacía, para poder
llenar con tu Vida mi vida.

Encontrar la fuerza en la necesidad
de sentir cada mañana tu presencia
luchar sin tregua para emerger
de la tentación de buscarme, buscándote a Ti.

Pedirte la constancia para no agotarme
dudar de mis fuerzas para continuar
confiar a ciegas en tu respuesta
recordar tu fidelidad incondicional.

Pedirte perdón por dudar
rogarte que no me abandones
saber que siempre estarás en mí
aunque me invada el vacío.

Beber de tu Palabra y saber
que tu tiempo no es mi tiempo
esperar con los ojos en Ti
a la Vida que hay en tu rostro

Un segundo de Ti vale una vida
y por eso seguimos esperando
de nuevo el milagro diario
de que tus ojos nos miren.

Quién sino Tú decides
el cuando, el cómo y el dónde
te encontraremos de nuevo
en esta historia interminable
que anhelamos, cada día, al levantarnos.

No sabemos cómo, pero sentimos
que ya nunca más podremos
estar en el mundo sin Ti
mirar el cielo y no verte.

Te adueñas de nuestras vidas
que no son vidas sin Ti
y eres Tú el que las llenas
sin apenas darnos cuenta.

Como ciegos confiados
abrimos cada mañana
nuestras dos manos vacías
esperando tu Palabra.

Y nos invade el temor
de que quizás Tú te escondas…

Pero Tú, mi Dios, mi todo
eres nuevo cada día
y por eso, el hombre, a veces
busca imágenes de Ti.

No sabe encontrarte sólo
quiere abarcarte, inventarte
y tu estás en el inicio
y hay que salir a buscarte.

Con el alma toda abierta
con el corazón ardiente
con las manos bien dispuestas
a buscarte en este mundo
desde el que no es fácil verte.

Tu respuesta siempre llega
en mil formas, como el aire
que se respira a diario
sin apenas darnos cuenta.

No nos das lo que queremos,
sí, lo que necesitamos
y aprendemos con el tiempo
que estamos en un Camino
que no es nuestro, sino tuyo.

¡Qué felicidad inmensa!
ver Tu trabajo en nosotros
y tener el privilegio
de que nos eduque Dios.

¡Qué alegría infinita!
dar de beber al hermano
desde la precariedad
de nuestras bocas vacías.

 
“No tendrás un dios extraño, no adorarás un dios extranjero, yo soy el Señor, Dios tuyo, que te saqué del país de Egipto; abre la boca que te la llene.” (Salmo 80, 10-11)