Rostro de Jesús

“Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús respondió: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.” (Jn 14, 5-6)

El camino que me lleva a Ti

Yo no sé cómo ha ocurrido
casi me cuesta pensar
en las partes del camino
que me han llevado hasta Ti.
 
Has sido Tú quien lo ha hecho
es por tu fidelidad
que yo me encuentro contigo.
No son mis planes, mis metas,
eres sólo Tú el camino.
 
Y te pido, cada día
que me quites el temor
de abrir, de una vez por todas
a ti, Dios, mi corazón.
 
Entero, sin presupuestos
sin condiciones, sin planes
sin miedos y sin certezas
pero con plena confianza
de saber que, ya mi vida
reposa toda en tus manos.
 
Y encomendar a tus manos
igual que Cristo en la Cruz
mi espíritu, mi vida, todo.
Y saber que Tú, seguro
serás mi único alimento
para el resto de la vida.

Hasta que un día Tú quieras
que, tan llena ya mi vida
de Tu presencia infinita
no pueda yo distinguir
esta vida en este mundo
de tu vida, que es la eterna.
 
Y entonces mis ojos vean
como el ciego del camino.
Y se cumpla la promesa
que le hiciste desde antiguo
a nuestro Padre Abraham.
 
Ya no tengo dudas, Padre.
Tú existes y nos ocupas
Tú nos recoges del fango
nos rescatas y nos guías
Tú nos amas como nadie
ha amado al mundo jamás.
 
Tú nos creaste y, por eso,
ya nunca te cansarás
de la preciosa labor
de levantar nuestras almas
de este suelo que las prende
y elevarlas hacia el cielo
el lugar de donde nunca
debieron haber salido.

 
“Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.” (Salmo 15, 11)