Cáritas

Al hilo de la reciente petición de un sector político de que la Iglesia pague el IBI, es necesario aclarar varios conceptos que pueden llevar a confusión. La Iglesia Católica está exenta, no por privilegios especiales, sino como entidad sin ánimo de lucro. En ese sentido, están libres de este impuesto los partidos políticos, los sindicatos o los clubes deportivos, por lo que si se atendiese a esta demanda, se generaría una innecesaria situación de desigualdad.

Otro punto que no responde a la realidad, está en la afirmación de que Cáritas la financiamos con nuestros impuestos. Este dato ignora que dos tercios de sus recursos proceden de donativos privados y que gran parte de las personas que trabajan en esta asociación, lo hacen de manera totalmente desinteresada, únicamente movidos por su fe y por su amor al prójimo. Sería tremendamente costoso para el Estado y, por extensión para los ciudadanos que lo conformamos, costear esto con nuestros impuestos. Por otra parte, tampoco es razonable tratar de desvincular a Cáritas de la Iglesia -otro error muy repetido-, cuando su tarea asistencial se distribuye en cada una de las parroquias de nuestra geografía.

Dentro del contexto social que estamos viviendo, con tanta precariedad y con familias enteras que no tienen recursos para llegar a fin de mes, la Iglesia está realizando una labor a la altura de las circunstancias. Es irrefutable que, cuando una persona pasa necesidad, no va a la sede de ningún partido político a pedir sustento, sino que lo busca en su parroquia, porque sabe que allí lo va a encontrar. No es justo olvidar esta realidad y arremeter contra una institución que, con muchos defectos, asiste al que lo necesita, sin discriminar a nadie por razones ideológicas.