Jesús caminando sobre las aguas

“Jesús les gritó: “¡Animo, que soy yo!, ¡no temáis! Pedro le respondió: Señor, si eres tu, mándame ir donde ti sobre las aguas.” (Mt 14, 27-28)

El lugar escondido

Eres el imprevisible
nuestro Dios oculto, extraño
y nos enseñas así
desde dónde ir a buscarte.

Tú desafías al mundo
y lo vuelves del revés
nada en Ti es previsible
matas nuestra vanidad.

Un día Tú decidiste
contar Tu historia conmigo
y me abriste la mirada
hacia mi vida pasada,
hacia todos los momentos
en que esperabas, callado
que me volviera hacia Ti.

Y ha ocurrido, es verdad,
me has dejado ver tu rostro,
te has encontrado conmigo
en el lugar escondido
que guardabas para mí.

Me has permitido adentrarme
en el fondo de mi pobreza
y es allí dónde he encontrado,
a mi buen Dios esperando.

Pero Tú, mi Padre bueno
no has querido permitir
que avanzara con dolor
¡Nada más lejos de Ti!

Como Pedro, anhelante
te he pedido caminar
sobre las aguas del mar
y has extendido tu mano
sin preguntar qué buscaba.

Solo has venido a mi encuentro
y te has quedado prendado
de mi brutal pequeñez,
de mi honda debilidad.

Y, desde entonces, Señor
es allí donde yo crezco
en mis espacios vacíos
donde te encuentras conmigo.

¡Qué tarde he comprendido
Que el espacio para Ti
es necesario arrancarlo
de aquel hombre que uno fue
y que murió para siempre.

Y uno ya no tiene patria
ni lugares de descanso
en los que antes trataba
de calmar su sed diaria.

He cambiado mis alforjas
mi mundo de bagatelas
por el camino contigo
sin morada, sin destino
sin seguridad alguna
y dependiente de Ti.

Pero lleno de tu Cielo
de Tu Vida, que es la Eterna
de Tu Rostro, que es la Luz
de Tu Amor, que es mi esperanza.

 
“Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos lo que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.” (Salmo 83, 5-6)