San Lucas

“Querido Teófilo… Según nos lo han enseñado, los mismos que desde el principio fueron testigos oculares y ministros de la Palabra… Me ha parecido a mí, que he investigado cuidadosamente desde los orígenes, hacer una narración ordenada para que conozcas el fundamento de las enseñanzas que has recibido de palabra”. Teófilo significa “amado de Dios”; pudo haberlo escrito para todo el pueblo cristiano -según el modo de escribir de la época clásica helenista-, como ir dirigida a un personaje ilustre concreto.

 
Anuncio del Bautista

Cuando estaba Zacarías -que era un sacerdote viejito y muy piadoso- dentro del Santuario de Dios, se le apareció el ángel Gabriel y le dijo: “Tu petición ha sido escuchada, y tu mujer Isabel (entradita también en años y descendiente de Aarón) dará a luz un hijo al que pondrás por nombre Juan. Estará lleno de Espíritu Santo y preparará el camino del Señor. No beberá, ni fumará, ni…” ¡Pobre Zacarías, esos sustos a esas edades! Y como “para nada” se lo tomó en serio porque su mujer era estéril (como siempre, la culpa a las mujeres), Dios que estaba mirando dijo ¿Pero éste…? Y el ángel va, se enfada y le deja mudo como prueba de verdad… ¡Vaya día, vaya día!

Los que esperaban fuera, se preguntaban por qué no salía ¡Pero cómo iba a salir! Esas cosas sólo pasan a los amados de Dios. Al poco tiempo Isabel quedó encinta, ¡ni se lo creían!, y otra que tampoco salió de su casa ni en cinco meses -le daba un pelín de vergüenza- menos mal que Gabriel no estaba cerca, si no… Todo sucedió como el ángel había dicho. Es que… Zacarías, tú también… Primero Le pides y después no te lo crees… ¡Chiquillo! era un mensaje de Dios.

A los 8 días de nacido el niño en Ain Karem, le llevaron al templo y al preguntar por el nombre, Zacarías escribió en una tablilla “Juan” y en aquel momento recuperó el habla, ¡Lo que hace el creer y hacer caso, Zacarías!.. Sería Juan el Bautista o el Profeta del Altísimo para toda la humanidad por los siglos de los siglos.