Iglesia derruida

Ayer por la tarde me acerqué a visitar la exposición Cristianos perseguidos hoy, que ha organizado en Cáceres la asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada, en colaboración con la delegación de Fe y Cultura de la diócesis. La calma que se respiraba en el templo que acoge la muestra, está en las antípodas de la dura realidad que muestran las fotografías de la exposición. En nuestro mundo, tan lleno de contrastes, uno de cada seis cristianos son perseguidos, o lo que es lo mismo, trescientos cincuenta millones entre católicos y protestantes. La escasa difusión de este hecho a través de los medios, genera un gran desconocimiento en la sociedad, incluyendo entre los propios cristianos que vivimos en países donde hay libertad.

Las fotografías de la muestra hablan por sí solas: iglesias destruidas, imágenes profanadas y el doloroso testimonio de cristianos agredidos o asesinados a causa de su fe. Cuesta creer que el ser humano no pueda escapar de su propia destrucción y que, constantemente, vea como enemigo a aquel que es diferente. Sin embargo, las fotografías -documentos gráficos de tantas y tantas injusticias-, están envueltas en un halo de esperanza, fruto de la tenacidad de aquellos cristianos que, literalmente, se levantan una y otra vez de sus cenizas.

En este lado del mundo cristiano, en el que muchos nos conformamos con ir a misa los domingos, los testimonios de estos cristianos de iglesias derruidas e imágenes rotas deberían hacernos recapacitar. Tendrían que impulsarnos a vivir nuestra fe con más ardor y menos rutina, a correr, en vez de dejarnos llevar tras los pasos de Cristo.