Torre de una iglesia

Fotografía: Jimmy Brown (Flickr)

“Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.” (Hch 1, 8)

Testigos de tu Luz

Cuando estamos en tu Luz,
se nos ilumina el mundo
y nos haces tus testigos.

Y nos muestras los lugares
donde Tú quieres que estemos,
donde Tú quieres estar.

Sitios que no conocemos
que nunca habíamos visto,
espacios entre los hombres
que necesitan de Ti.

Y no lo saben pedir.
Y tan sólo se limitan
a preguntarse, en silencio
dónde estás, si es que Tú existes
dónde hallarte, en qué lugar.

Y una vez que Tú nos llamas,
y nos pides que acudamos
Tú desatas nuestra boca
y te ocupas de habitar
estos huecos en el mundo.

Y no vemos qué sucede
en el corazón del hombre
que ve tu Luz en nosotros.

Sólo creemos en Ti
y tenemos la certeza
de que Tú te ocuparás
del resto de la tarea.

Y que harás, una vez más,
nacer un nuevo Hijo tuyo
en el hombre que recibe
sin resistirse, Tu Luz.

Y por eso, mi Señor
Tú quisiste un día que fuéramos
tus lámparas en el mundo,
tu presencia en las tinieblas,
tu esperanza para el hombre.

Y sabemos, Padre nuestro
que el trabajo que nos pides
hubo un día, en nuestras vidas,
que lo hicieron con nosotros.

Alguien que quiso aceptar
ser vasija de tu barro,
ser portador de tu Luz.

Alguien que iluminó
con aquella Luz mi vida.
Y por eso, ¿cómo no
recoger aquel testigo?
¿cómo no entregar mi vida
a que otros se iluminen
con tu eterna claridad?

 
“Señor, tu misericordia llega al cielo; tu fidelidad hasta las nubes (…) porque en ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz.” (Sal 35, 6-10)