Camino de Emaús

“Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí no tendrá hambre y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.” (Jn 6, 34-35)

Tú me encontraste

Me encontraste en un desierto
en soledad infinita
me tendiste tus dos manos
me preguntaste ¿qué buscas?
 
Pero a veces, no te veo
¿por qué ya no quieres hablarme?
solo Tú tienes la llave
para llegar de Ti a mi.
 
Y vivimos la pobreza
de saber que solo Tú
puedes decirnos quién eres,
que eres Tú el que decides
cómo llegarás de nuevo.
 
Para así poder llenar
nuestras dos manos abiertas,
manos como de esclavo
esperando asir el Pan
que nos mantiene en la Vida.
 
Despiertos y esperanzados
¿qué será? que confiamos
siempre en tu vuelta y, quizás
ya no creemos en nada
que no seas Tú en nosotros.

 
“Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos, lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a las niñas de sus ojos…” (Dt 32, 10)