Jesús convierte agua en vino

Imagen: stainedglassartist (CC)

“Yo soy el Buen Pastor, y conozco mis ovejas y ellas me conocen a mi, de la misma forma que me conoce mi Padre y yo le conozco a El.” (Jn 10, 14-15)

Viviendo en tu Cielo

Te conozco tanto
Me conoces tanto,
que ya es imposible
vivir separados.

Pienso tanto en Ti,
me hablas tanto,
que no hay un espacio
en toda mi vida
que no habites Tú.

En Ti mi alegría,
en Ti mi fracaso,
en Ti mi esperanza,
en Ti mi trabajo.

Todo en Ti y por Ti.
Todo ya ocupado,
todo ya invadido
por tu mismo Ser.

Tu presencia dentro
dentro de mi alma.
Tus palabras, siempre
respuesta inmediata
a mi desaliento.

No nos dejas nunca,
y creo que nos amas
mas aún, si cabe,
cuando nos encuentras
temblando en silencio
sintiendo la duda
que a veces ahoga
de pensar que Tú
ya no volverás.

Y en ese momento
cuando Tú, de nuevo
nos coges la mano,
subimos al Cielo
y no nos importa
saber que mañana
seremos de nuevo
nada mas que barro.

Porque cada vez
que Tú nos elevas,
que Tú nos habitas,
el alma que ocupa
nuestro frágil cuerpo
se llena de Ti.

Y en cada encuentro
que Tú nos preparas
sentimos que estamos
viviendo en tu Cielo.

 
“Señor, tu me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento y cuando me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.” (Salmo 138, 1-3)