Pareja

El matrimonio es una opción de vida. Es un proyecto en común, que supone un trabajo en equipo y que no está exento de dificultades. Sin embargo, proporciona satisfacciones merecedoras del esfuerzo y el compromiso de dos, para crecer como personas y como familia. Lo importante para que tu relación avance no sólo depende del concepto que tengas de ella, sino sobre todo de tus actos. Hay que pasar a la acción para hacer bien las cosas, en vez de quedarse en la intención.

Voy a hacer un paralelismo entre el cuidado del amor matrimonial y el de una planta, a través de cinco puntos que te pueden ayudar a perfeccionar tu matrimonio:

La tierra

Una planta necesita tener un buen sustrato. A veces, la comodidad apelmaza el desarrollo de una relación y, con el paso del tiempo, es necesario renovar la tierra a otra más rica en nutrientes.

No todo lo que hayas vivido antes de conocer a tu pareja te funcionará. Es más, se puede convertir en un lastre. Además, renovar los hábitos con el paso del tiempo es fundamental. No importa que esa nueva organización venga a remover pautas seguidas durante varios años y que no ayudaban a mejorar. Lo importante es ser consciente de ello y no tener miedo a los cambios. Hay que recordar que cada hogar es exclusivo, así es que lo mejor es elegir el sustrato los dos juntos.

El riego

El cuidado de un cultivo precisa de riego cada cierto tiempo y hay que tener en cuenta que, dependiendo de la época, necesitará más o menos agua. El riego hace que una planta adquiera vigor, color y un aspecto saludable. Piensa en qué cosas pueden servir de riego para el amor de tu matrimonio. Quizá pequeños detalles como hablar con delicadeza, un gesto con el otro, regalar miradas de cariño…

Si te paras a pensar qué aspectos de tu pareja recuerdas de una manera especial, probablemente lo material adquiera un segundo lugar, muy por detrás de alguna palabra o frase que necesitaste o que recibiste en un momento concreto.

Hay veces en que, por las dificultades o las crisis, el riego debe ser diferente al de las épocas más tranquilas. La paciencia y la constancia son fundamentales para tener bien saciada la planta del amor.

La poda

El momento de sanear y de cortar las hojas que se estropean, las que ya no sirven para nada y afean, es fundamental para cualquier planta y cualquier matrimonio. Todo lo que suponga cortar genera dolor. Cuando es el otro o tú mismo el que te das cuenta de que algo está estorbando en tu matrimonio, tienes que estar dispuesto a eliminarlo. A veces serás tú el que debas arrancarlo, otras le corresponderá a tu pareja ayudarte a cortar lo que no le está haciendo bien a vuestra vida en común. Aquí se necesita mucha humildad para el que recibe la poda y tacto por parte del otro.

Decía el papa Francisco, en un encuentro con más de doce mil parejas de novios en el Vaticano, que no existe el marido o la mujer perfectos. Para que algo funcione no todo debe ser idílico. Una de las claves está en saber sanear imperfecciones y centrarse en que las restantes ramas crezcan sanas. El perdón es fundamental para volver a readaptar el presente, superando lo pasado.

Las atenciones

Una planta necesita que se le trate con mimo y atenciones. La mejor manera de ayudar a crecer a alguien es con amor, ternura, sinceridad, seguridad y confianza; estando dispuesto a sacrificar tiempo por lo que realmente es importante en tu vida, incluso cuando toque decir o escuchar cosas difíciles. Hay que ver al otro como una prolongación de uno mismo y como la oportunidad que te llegó y decidiste aceptar.

El amor se debe trabajar a diario. Esto es vital no olvidarlo, porque los avatares del día a día, con el trabajo, los niños y el cansancio que ello acarrea pueden saturar, en cierto modo, la relación con tu cónyuge. La planta debe estar apoyada en una superficie bien nutrida.

La luz

Finalmente, una planta necesita tener luz suficiente para su adecuado desarrollo. La Palabra es la que dará el sol necesario en las jornadas de frío, el ánimo suficiente para seguir amando en los días más nublados y la alegría para disfrutar de los buenos momentos, cuando vuestra planta esté en plena floración.

Otra sugerencia que en su día hizo el papa Francisco es incorporar a la oración en común un añadido al Padre Nuestro: como matrimonio podemos decir “danos hoy nuestro amor de cada día”.

Una planta puede crecer y gozar de una vida muy larga. También puede requerir, en su evolución, un cambio de sitio para adaptarse a nuevas necesidades. Un matrimonio no sólo ha de ser duradero, sino que debe ir acompañado de un tiempo compartido de calidad. Una buena decisión para hoy es ponerse manos a la obra o seguir cuidando de ese jardín que es el matrimonio.