Chica utilizando el móvil

Durante mis vacaciones de verano, cuando iba a la playa con mi familia, me llamaba la atención la cantidad de personas que pasaban la mayoría del tiempo utilizando el móvil. Es una escena cada vez más habitual que se repite en cualquier lugar y con personas de distintas edades. De hecho, es como si el teléfono se hubiera convertido en una especie de prolongación del cuerpo humano y las redes sociales en un acompañante indispensable, incluso en los días de descanso.

Es difícil que cualquier foto, tuit, vídeo o mensaje pueda competir con el beneficio que proporciona la tranquilidad y la belleza de un día de playa. Las sensaciones que genera una puesta de sol, los distintos matices del azul del mar o del cielo, el sonido de las olas o el bullicio de los pequeños jugando no necesitan filtros ni popularidad para ser reconfortantes. Por suerte, hay vida más allá de un teléfono.

El uso de los móviles y el acceso desde los mismos a las redes sociales por parte de la mayoría de la población a nivel mundial, y en particular de nuestro país, arroja datos realmente sorprendentes. Sólo hay que indagar un poco en Internet y consultar cifras para entender la envergadura de este fenómeno que afecta a la vida de millones de personas. Además, existe una cantidad de información difícil de asimilar, no sólo a nivel global, sino en el ámbito más cercano.

Desde un punto de vista antropológico se abre un nuevo ámbito a estudiar, que engloba estructuras diferentes a las ya conocidas, donde la manera de interactuar ha transformado la sociedad. Lo ideal sería buscar el justo equilibrio, pues si las redes sociales se utilizan sin control se convierten en un gran problema. Está comprobado que el abusivo uso de las mismas genera confusión, dependencia, aislamiento y un montón de complicaciones más que están perjudicando principalmente a los más jóvenes, aunque no de manera exclusiva.

Obviamente, no todo es malo y hay que ver la parte positiva. El uso responsable de los móviles y las redes permite comunicarnos y movernos con más facilidad, conocer cosas nuevas y enriquecer las relaciones personales. Lo mejor es tomar conciencia de sus peligros y fomentar los buenos hábitos. Así también podremos estar conectados con el que tenemos al lado.