3,5 estrellas
7
La religiosa portuguesa
Título original: A Religiosa Portuguesa
Año: 2009
País: Portugal, Francia
Duración: 127 min.
Género: Drama
Categoría: Simbología cristiana
Edad: +7
Director: Eugène Green
Guión: Eugène Green
Música:
Fotografía: Raphaël O’Byrne
Reparto: Leonor Baldaque, Francisco Mozos, Diogo Dória, Ana Moreira, Eugène Green, Adrien Michaux

Julie de Hauranne, una actriz francesa, viaja a Lisboa para el rodaje de una película, donde interpreta a una monja. El film se basa en las cartas atribuidas a sor Mariana Alcoforado, originalmente publicadas en el siglo XVII. En la capital portuguesa se sentirá fascinada por la devoción de una religiosa que, cada noche, reza en una capilla.

El particular estilo de Eugène Green no tiene parangón en el panorama cinematográfico actual. Esta obra, una de las más logradas de su reducida filmografía, no es apta para impacientes, porque los tiempos de este neoyorquino de nacimiento y francés de adopción se desmarcan de cualquier estándar. Mediante una profusa utilización de tomas estáticas, va cociendo a fuego lento una historia en la que todas las piezas acaban encajando.

La cinta está protagonizada por la portuguesa Leonor Baldaque, quien representa a la perfección a una mujer cuya inestabilidad amorosa refleja el caos que reina en su vida. Junto a ella recorremos las calles de Lisboa, cruzándonos con diversas personas. Algunas ayudarán a la actriz a llenar su vacío interior, especialmente la hermana Joana, a la que observa con interés en sus rezos. La superficial existencia de Julie, anclada en lo terrenal, encuentra su reverso en una monja que le muestra una nueva realidad, abriéndole las puertas a un camino distinto.

Lisboa resulta cautivadora desde la cámara de Green. El director nos sumerge en la ciudad, no sólo por medio de su bella arquitectura, sino también a través de su cultura. Son clave en la evolución de Julie los dos fados que escucha en un bar. En la secuencia vemos un azulejo de la Anunciación, premonitorio del amor espiritual que descubrirá la joven, diferente del amor que había experimentado hasta entonces.

Hay dos personajes que Julie conoce en su estancia en Portugal y que son decisivos en la transformación que se produce en su vida. Uno de ellos simboliza la reencarnación del rey Sebastián, un monarca que, según la leyenda, regresaría al país luso en sus momentos más difíciles, para dar lugar a un imperio universal y cristiano. El otro es Vasco, un niño huérfano de seis años, tan desamparado que ni siquiera va al colegio.

Eugène Green se reserva el papel de realizador en la ficción y sabe redondear su trabajo con una parte final de un misticismo de muchos quilates. Expone con claridad -y sin miedo a la incorrección política- una espiritualidad que desafía los límites del racionalismo. El resultado atesora un encanto especial, pero precisa que el espectador se abra a una manera distinta de hacer cine -tanto formal como temáticamente-, a cambio de esa luz que Julie encuentra en su deambular por Lisboa.

La religiosa portuguesa (fotograma)