4,5 estrellas
9
Vida oculta
Título original: A Hidden Life
Año: 2019
País: Alemania, Estados Unidos
Duración: 174 min.
Género: Drama, Biográfico, Romance
Categoría: Santos y beatos
Calificación moral: +13
Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Música: James Newton Howard
Fotografía: Jörg Widmer
Reparto: August Diehl, Valerie Pachner, Maria Simon, Tobias Moretti, Bruno Ganz, Matthias Schoenaerts

Franz y su mujer Fani tienen una vida feliz junto a sus tres hijas en la pequeña Sankt Radegund, situada en una zona montañosa de Austria. Pero corren tiempos difíciles por la anexión de su país a Alemania y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La negativa de Franz a jurar lealtad a Hitler despierta suspicacias entre sus vecinos e, incluso, incomprensión en su propia familia por el riesgo que conlleva una decisión así.

Terrence Malick regresa a la senda de sus trabajos mayores con esta obra de arte, basada en la historia de Franz Jägerstätter, un campesino austriaco beatificado por la Iglesia católica por su oposición al nazismo. Su firmeza recuerda a la de Tomás Moro, escenificada en el clásico Un hombre para la eternidad, pues se niega a apoyar algo que rechaza, aunque sea con un mero formalismo.

La cinta trata del valor de la conciencia y sobre la forma de cambiar las cosas empezando por uno mismo. Franz es coherente con sus creencias cristianas, considerando que no es correcto secundar el mal -como muchos se vieron forzados a hacer-, sino que debe combatirlo en una época de una cruel deshumanización. Y adopta esa postura no desde una actitud intelectual o de superioridad moral hacia otros. Simplemente quiere ser libre y entiende que las cadenas que pueden coartar su libertad están en su interior. En un momento del film se apunta que es peor cometer una injusticia que padecerla.

El guión está inspirado en las cartas de Franz y Fani. La representación que realiza el largometraje de su matrimonio es canela fina. Se apunta que fue Fani quien transformó a su marido en una persona mejor. También ella es víctima de los acontecimientos, siendo repudiada por sus vecinos, mientras sufre por Franz y por el futuro de sus hijas. No le resulta fácil comprender la posición de su esposo, pero entre ellos hay un amor incondicional cuya fortaleza supera las adversidades.

Malick vuelve a apostar por una narración lineal, varios lustros después de El nuevo mundo. No obstante, permanece fiel a su estilo empleando flashbacks y numerosas voces en off. La propuesta no es sencilla ni convencional y requiere una adecuada predisposición por parte del espectador, más que nada por su duración. Se alarga en exceso el encarcelamiento de Franz, aunque el conjunto mantiene un alto nivel.

Buena parte de la trama está ambientada en un enclave montañoso, magistralmente fotografiado por Jörg Widmer con luz natural y unos amplísimos angulares. Algunas secuencias recuerdan a pinturas como El ángelus, del francés Jean-François Millet. El valle de Sankt Radegund es algo así como el paraíso arrebatado de El nuevo mundo. La naturaleza cobra un especial protagonismo y, al igual que en La delgada línea roja, queda plasmada su armonía, en contraposición con las acciones destructivas del ser humano.

No deja de admirarme la capacidad de Malick para transmitir emociones con imágenes. No utiliza el agua, el sol o las nubes para crear postales bonitas, sino como recursos narrativos de un excepcional lirismo, que complementan los diálogos. Compone un poema que te envuelve, potenciado por la oportuna música de James Newton Howard y varias obras clásicas. Su objetivo es acentuar la luminosidad del relato y, por eso, no se recrea en las torturas infligidas a Franz en prisión. Da prioridad al fuera de plano con sonidos que son suficientemente elocuentes.

El realizador norteamericano se atreve a formular preguntas tan complejas que casi chirrían en esta sociedad materialista y superficial. Aborda la religiosidad con naturalidad, sin tomar atajos ni dar rodeos. Se cuestiona sobre el silencio de un Padre que ni siquiera salvó a su Hijo. Y lo hace con rigor, pero sin desasosiego. Asimismo, muestra la fe de los sencillos, mediante los personajes de Fani y Franz, interpretados con convicción por Valerie Pachner y August Diehl. Este último evidencia en su rostro el sufrimiento de un reo incomprendido y separado de su familia. Su pasión evoca a la del Nazareno, a quien también alude un artista que ornamenta una iglesia con pinturas sagradas, anhelando ser capaz de representar al verdadero Cristo. Todo un guiño a la próxima película del director.

Bajo la superficie de este bello poema hay muchas capas. Su contenido expone los dilemas de unas personas normales que ven alterada su pacífica existencia por el horror y ensalza la firmeza de un hombre que combate el mal con el bien. Vida oculta es una historia de amor y fe, que refleja el modo en que los pequeños actos hacen que el mundo sea mejor. Es cine para pensar. Un cine directo a los sentidos.

Vida oculta (fotograma)