4 estrellas
8
El árbol de los zuecos
Título original: L’albero degli zoccoli
Año: 1978
País: Italia
Duración: 175 min.
Género: Drama
Categoría: Películas con valores
Calificación moral: TP
Director: Ermanno Olmi
Guión: Ermanno Olmi
Música: Johann Sebastian Bach
Fotografía: Ermanno Olmi
Reparto: Luigi Ornaghi, Francesca Moriggi, Omar Brignoli, Antonio Ferrari, Teresa Brescianini

Finales del siglo XIX. En una campiña italiana de Bérgamo conviven varias familias, que se ganan el jornal cultivando las tierras de un arrendatario, a cambio de entregarle dos tercios de la cosecha.

Ermanno Olmi hizo las veces de realizador, guionista y director de fotografía, logrando una obra maestra, que constituye el trabajo más representativo de su dilatada carrera. El film pone en evidencia el desproporcionado beneficio de un terrateniente -siempre mostrado desde la distancia-, a costa del sacrificio de sus jornaleros. Olmi articula una sosegada y efectiva denuncia social, nacida de su humanismo cristiano.

A nivel formal estamos ante una cinta continuista con el neorrealismo italiano, conformada por actores no profesionales, sin ningún tipo de experiencia previa en la interpretación. Eran auténticos campesinos de la provincia de Bérgamo y lo cierto es que contribuyen a aumentar el realismo de una propuesta casi documental, visualmente enriquecida por unas espléndidas estampas rurales.

Olmi escribió el guión a partir de los recuerdos que le dejaron sus visitas a casa de sus abuelos, cuando era un niño, y de las historias que contaban los ancianos de lugar. En el relato plasma las sencillas creencias de sus protagonistas y la importancia que otorgan a la oración. Su existencia carece de bienes materiales que hoy consideramos imprescindibles, pero está plena de otros haberes aún más valiosos. En ese contexto cobra una especial relevancia el sacerdote del pueblo, ejerciendo como guía espiritual. Sin la necesidad de grandes discursos, el clérigo orienta a sus feligreses con palabras cargadas de veracidad y sensatez.

El largometraje es pausado y en su desarrollo no ocurren demasiadas cosas. Su autor únicamente quiere plasmar el transcurso de la vida en el campo y a fe que lo consigue, ofreciendo una de esas películas que tienen la capacidad de perdurar en la memoria del espectador.

La producción fue galardonada, entre otras distinciones, con la prestigiosa Palma de Oro en el Festival de Cannes, donde también se alzó con el Premio del Jurado Ecuménico.

El árbol de los zuecos (fotograma)