3,5 estrellas
7
Knight of Cups
Título original: Knight of Cups
Año: 2015
País: Estados Unidos
Duración: 118 min.
Género: Drama, Romance
Categoría: Películas con valores
Edad: +18
Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Música: Hanan Townshend
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Reparto: Christian Bale, Cate Blanchett, Natalie Portman, Brian Dennehy, Antonio Banderas

Rick es un guionista afincado en Los Ángeles que, pese al éxito que ha logrado en su trabajo, se siente interiormente vacío. Atormentado por su pasado, inicia una búsqueda para encontrar el amor y el sentido de su vida.

En su evolución como cineasta, Terrence Malick ha ido profundizando en su estilo y apostando por una forma de hacer cine sin precedentes en Hollywood, un terreno poco propicio para la experimentación. Knight of Cups pertenece a su etapa más abstracta y alejada de los cánones cinematográficos. La película está contada de un modo deliberadamente elíptico, mediante fragmentos que se suceden sin apenas diálogos, unidos por voces en off. Su insólita estructura narrativa ha limitado su alcance entre el público, demorando su estreno en España nada menos que cinco años.

Malick abordó la producción sin un guión propiamente dicho, tratando de obtener emociones auténticas de sus actores. Estos ignoraban lo que les iba a deparar cada día de rodaje o incluso cada escena. Tuvieron que cambiar sus habituales métodos -mucho más reglados- para moverse instintivamente, a partir de ideas acerca de la naturaleza de sus respectivos personajes.

El prólogo nos introduce en la trama con una historia que Rick escuchaba de pequeño, sobre un príncipe enviado por su padre al oeste, a tierras egipcias, para encontrar una perla, pero que una vez allí, tras tomar una bebida que le ofrecen, olvida quién es y queda sumido en un sueño. El alegórico relato refleja la realidad de Rick en Los Ángeles, donde se ha entregado a los excesos de Hollywood. En la ciudad californiana vive seducido por el lujo, asistiendo a desenfrenadas fiestas en mansiones y rodeado de chicas atractivas, bajo la tentación de creerse un dios. Sin embargo, nada le llena, porque todo se reduce a la experiencia del momento.

El largometraje está divido en ocho capítulos que, a excepción del último, aluden a cartas del tarot, al igual que el propio título del film. En estos episodios, el reservado protagonista tiene idilios con varias mujeres, emocionalmente ahogados por un materialismo que eclipsa al verdadero amor y la esencia de cada persona. También hay espacio para una subtrama familiar, marcada para Rick por la muerte de uno de sus hermanos, su complicado vínculo con otro y una tormentosa relación con su áspero progenitor. Esta parte contiene temas autobiográficos previamente expuestos en El árbol de la vida.

Como era de esperar, la cinta es visualmente prodigiosa, un regalo para el espectador y, en particular, para cualquier amante de la fotografía. El mexicano Emmanuel Lubezki dispuso de mucha libertad para capturar lo que ocurría delante de su objetivo. El profuso empleo de grandes angulares y la cámara en constante movimiento son señas de identidad del cine de Malick que se repiten aquí. El realizador vuelve a conceder una primordial relevancia a unas imágenes que, en simbiosis con la música, conforman una potente experiencia, cuyo visionado, eso sí, resulta complejo. Precisa de una especial atención para no salirte de la película y naufragar en este torrente de sensaciones.

Por brillante que sea su superficie, la propuesta no se queda en lo superficial, ya que te sumerge en las profundidades de un itinerario existencial, donde se entremezclan lo terrenal y lo divino. Se articula como una especie de ensoñación que acaba convirtiéndose en una pesadilla para Rick, quien en su descenso a los infiernos debe redescubrir su identidad para regresar a la luz y disfrutar de una verdadera libertad. Argumentalmente, el conjunto bebe del humanismo cristiano. Parte de un prólogo tomado de un himno de trasfondo evangélico e incluye elementos de reminiscencias bíblicas como la montaña, lugar de encuentro con Dios y con uno mismo en la Escritura.

Christian Bale encabeza un interesante reparto que completan intérpretes como Cate Blanchett -representando a su exmujer-, Natalie Portman o Antonio Banderas. La improvisación de estos aporta momentos genuinos a esta arriesgada apuesta de un Terrence Malick inmerso en la búsqueda de la autenticidad. Este séptimo largometraje de su filmografía como director no está entre sus trabajos mayores, pero es una obra de una desbordante belleza.

Knight of Cups (fotograma)