Códice Pray

Códice Pray

Historia

Tras la Resurrección de Jesús desaparece la Sábana Santa y sobre el paradero de la misma hay diversos testimonios contradictorios, hasta que en el año 525 es encontrada y expuesta en Edesa. Varios siglos después, en el año 944, el emperador de Bizancio, Romano Lecapeno, tomó la decisión de adueñarse de la sábana, con el fin de obtener su protección. Los habitantes de Edesa no pudieron evitar que el ejército del emperador les robase su venerado lienzo y este fue trasladado a Constantinopla.

Tras el ataque de los cristianos a Constantinopla, en 1204, desapareció el sudario. Posiblemente fueron los templarios sus custodios durante más de un siglo. Se volvió a conocer su paradero en 1349, cuando Godofredo de Charny, por orden del papa Clemente V, mostró un lienzo con la imagen del Hombre muerto. Posteriormente, la nieta de Godofredo, Margarita de Charny, no tuvo más remedio que vender la Síndone a la casa Saboya, para paliar sus problemas económicos.

En 1532 es salvada por poco de un incendio probablemente provocado por los calvinistas, que le dejó marcas permanentes. Las hermanas clarisas de Chambéry colocaron parches en las quemaduras en 1534. En 1578 se trasladó el Santo Lienzo a la catedral de Turín, lugar donde se encuentra actualmente y en el que, en 1997, nuevamente tuvo que ser rescatado de otro incendio, en este caso por los bomberos turineses.

Uno de los bomberos, Mario Trematore, quebró el vidrio antibalas que lo protegía con un martillo y al ser preguntado sobre su hazaña respondió: «Este vidrio podrá detener balas, pero no es capaz de detener la fuerza de los valores asociados al símbolo que contenía. Con solo un martillo y nuestras manos rompimos el vidrio. Esto es extraordinario… Dios me ha dado las fuerzas para romper el cristal».

La Sábana Santa rescatada de un incendio

Desde 1983 la Sábana Santa pertenece a la Santa Sede, al haber sido dejada en herencia por Humberto II de Saboya al papa. Se trata de una pieza de lino de 4,41 metros de largo y 1,13 de ancho, que muestra a un hombre con unas extraordinarias condiciones físicas, de 1,81 de altura y de unos 80 kilos.

 

Estudios científicos

 
La prueba del carbono 14

Es la única prueba contraria a la autenticidad del lienzo. Fue realizada en 1988 por los laboratorios de Oxford, Tucson y Zurig, que la situaron en la época medieval, entre 1260 y 1390. Sus resultados fueron puestos en tela de juicio por otros científicos, que detectaron veintiséis irregularidades en los procesos de datación de los tres laboratorios.

Se hizo un nuevo examen en 2005, en este caso por la American Shroud of Turin Association for Research (AMSTAR), que reveló que la prueba de 1988 no se había hecho sobre el sudario original, sino sobre uno de sus parches, que estaba perfectamente remendado.

 
Negativo fotográfico

En 1898, Secondo Pía realizó las primeras fotografías al lienzo. En el cuarto oscuro se llevó la sorpresa de que cada imagen en negativo aparecía como una imagen en positivo. La Síndone, por tanto, era un negativo fotográfico. De ser cierta la teoría de que es una falsificación procedente de la época medieval, su autor debería conocer las propiedades de los negativos fotográficos. Esto hace dudar de la teoría de la falsificación. Por otra parte, ningún método ni estilo artístico conocido puede dar lugar a imágenes con las propiedades fotográficas que tiene la Sábana Santa.

 
Tejido

Los expertos no observaron la presencia de ningún tipo de pinturas o pigmentos. Los estudios del tejido sitúan su procedencia en el área siriopalestina en el siglo I. Por otra parte, se encontraron fibras de algodón. En Europa no se tejió el algodón hasta finales del XV, al contrario que en Oriente Medio. De hecho, el sistema de confección del sudario coincide con los elaborados allí en el siglo I.

 
Polen

En 1978 el suizo Max Frei, criminólogo, botánico y palinólogo, tomó muestras del polvo de la sábana y comprobó la existencia de polen de flores de Palestina. También encontró restos de polen de Turquía, Francia e Italia, que demostraban la trayectoria de la Síndone por Israel, Edesa, Constantinopla, Francia e Italia. El falsificador tendría que haber incorporado todos estos pólenes, imperceptibles al ojo, sin contar con la ayuda de un microscopio. Por otra parte, el lienzo igualmente tenía áloe y mirra, como las que usaban los judíos de Oriente Medio para preparar los cadáveres.

 
Estudios médicos

El primer cirujano que estudió con minuciosidad las heridas que aparecen en el cuerpo grabado, el profesor de Anatomía Comparada de la Sorbona Yves Delage, verificó que la imagen del sudario pertenecía a un hombre que había sufrido un tormento físico como el de Jesús. Muchos médicos han confirmado estos hallazgos. Asimismo, han afirmado que la representación de las heridas es anatómicamente perfecta y presenta detalles que se desconocían en la época medieval.

El tejido envolvió un cadáver durante 30 a 36 horas. Los exámenes realizados aseguran que se trata de una imagen de un hombre coronado de espinas, azotado, crucificado y traspasado por una lanza. No hay indicios de putrefacción.

 
Arte de la Edad Media

La iconografía de los siglos XIII o XIV, que se asemejaba poco a la realidad anatómica, denota, además, que los artistas desconocían con exactitud los métodos de flagelación y crucifixión del siglo I, que sí aparecen reflejados en la sábana.

 
Expertos de la NASA

El sudario fue analizado por un numeroso grupo de científicos del proyecto STURP, la mayor parte perteneciente a la NASA. Realizaron una serie de descubrimientos sorprendentes, que echaron por tierra las conclusiones de la prueba del carbono 14.

– Al estudiar los hilos, observaron con asombro que de sus aproximadamente doscientas fibras solamente dos o tres eran responsables de la formación de la imagen. También descubrieron que la imagen se plasmó después de las manchas de sangre.

– La sangre que encontraron era del tipo AB, muy común entre los judíos. El supuesto falsificador medieval, asimismo, debía saber identificar la sangre del grupo AB.

– Observaron que los músculos dorsales y deltoides aparecían abombados, lo que los llevó a la conclusión de que el cadáver tuvo que permanecer inmóvil y en el aire en el momento de la formación de la imagen.

– Mediante métodos informáticos descubrieron que la imagen tiene propiedades tridimensionales, porque las zonas del lienzo que tocaban el cadáver eran más luminosas que las más alejadas al cuerpo. El falsificador de los siglos XIII o XIV, por tanto, igualmente tendría conocimientos en 3D, algo que no ha sido desarrollado hasta el siglo XX.

– Los estudios, además, revelaron la existencia de dos círculos sobre los ojos. En los enterramientos próximos al sábado se colocaban monedas sobre los párpados. En uno de esos círculos encontraron las letras DCAI, idénticas a las de unas monedas de bronce acuñadas en Judea entre los años 19 y 32.

 
¿Radiación? ¿Deshidratación?

La impresión de la imagen es un misterio. Se podría deber a una desconocida radiación o a una deshidratación en centésimas de segundo, como manifestaron los científicos del proyecto STURP, tras advertir que las hebras del hilo no estaban quemadas. En todo caso, podría proceder del cuerpo de Cristo en el momento de la Resurrección.

 

¿La imagen pertenece a Jesús?

Después de todos estos hallazgos, creer que la Sábana Santa es una falsificación resulta difícil. Si no se tratase de un tema tan delicado, no existirían dudas acerca de la veracidad del lienzo. Por eso, diversos estudiosos escépticos han puesto en duda que la imagen plasmada en la Síndone pertenezca a Jesús. Para dar respuesta a este interrogante, el profesor de la Universidad de Turín Bruno Barberis realizó un cálculo de probabilidades con un procedimiento muy sencillo.

Según Barberis, si se lanza una moneda al aire existe una probabilidad sobre dos (1/2) de que caiga por el lado previamente elegido. En el caso de un dado sería una sobre seis (1/6). Lanzando ambos al aire, de forma simultánea, la probabilidad de obtener las caras preestablecidas sería de una sobre doce (1/2 x 1/6 = 1/12). A continuación, Barberis toma en consideración los siete elementos más característicos de Jesús y calcula las probabilidades de que tales particularidades vayan vinculadas a otro hombre que haya sido crucificado:

1. Tanto Jesús como el hombre plasmado en el sudario han sido envueltos en un lienzo tras morir en la cruz. La mayoría de los crucificados no recibían este tipo de sepultura por el desprecio que se les tenía. Por tanto, se calcula una probabilidad entre cien (1/100).

2. Jesús y el hombre de la Síndone han sido coronados de espinas. Aparte de los referidos a Jesús, no hay ningún otro documento que hable de esta práctica. Una probabilidad entre cinco mil (1/5.000).

3. El patíbulo está gravado en la espalda del hombre que aparece en el lienzo. Solamente en algunas ocasiones el condenado debía llevar este madero horizontal. Una probabilidad entre dos (1/2).

4. Con respecto a la fijación de las manos y los pies a la cruz, que podía ser con clavos o con sogas, la misma probabilidad (1/2).

5. La herida en el costado, una probabilidad entre diez (1/10).

6. El hombre de la Síndone fue envuelto en un lienzo nada más ser bajado de la cruz, sin ser lavado o ungido previamente, pues estaba por llegar la Pascua y los judíos no podían realizar ningún trabajo manual. Una probabilidad entre veinte (1/20).

7. En el lienzo no hay restos de descomposición, por lo que cubrió un cuerpo durante un breve periodo de tiempo. El cadáver de Jesús estuvo en el sepulcro durante 30 a 36 horas. Al ser esta una coincidencia tan extraordinaria, Bruno Barberis le otorga una probabilidad entre quinientas (1/500).

Sumando todos estos datos, Barberis obtiene que la probabilidad conjunta sería de 1/200.000.000.000. Esto significa que, según sus cálculos, de 200.000 millones de crucificados solo uno podría haber tenido unas características iguales a las de Jesús de Nazaret y al hombre de la Síndone.

Rostro de Jesús