Niño con una cometa

1. La mentira, como la hierba, crece en toda parte, hasta en los tejados, y se termina despreciándola. La verdad es como el corazón de Dios, la mayoría pasa de ella, pero quien la ama, ama al mismo Dios.

2. Nada nos desgasta más que proyectar la vida en lo que hoy es y mañana se desvanece. No podemos evitarlo, a no ser que cimentemos lo que somos sobre la Roca (Mt 7,24…).

3. Hacemos gala de nuestra arbitrariedad para decidir sobre lo que es bueno o malo para nosotros, con el peligro de que después nos lamentemos de que la vida nos ha tratado mal.

4. Cómo agradecen los ojos un paisaje montañoso después de pasar metros y metros por un túnel. Más agradecida queda el alma cuando pasa de las tinieblas a la Luz.

5. Nunca sabemos la capacidad que tenemos para familiarizarnos con lo desconocido hasta que nos atrevemos a penetrar en el Misterio de Dios con su Palabra.

6. Bendita la imprudencia de los santos, pues se dejaron acariciar por las palabras del Evangelio tan llenas de sensibilidad, la de Dios. El Evangelio puso patas arriba sus proyectos, pero les valió la pena.

7. Todas las palabras contenidas en discursos, manifiestos, boletines, etc., tienen su punto final. Jesús en su Evangelio abre a sus discípulos hacia el infinito, por eso están permanentemente asombrados.

8. Intentar retener aquello tan bello que vivimos en su día por las causas que sean es misión casi imposible, pues se nos diluyen. Necesitamos un Amor eterno. Existe. Se llama Dios.

9. Frialdad y desentendimiento son algunas de las características de la mayoría de las relaciones afectivas, dicen los sociólogos. No es del todo cierto, nunca hemos amado y mimado tanto nuestros móviles, mascotas, etc.

10. Nacimos para ver al Invisible, y muchos sólo ven lo que abarcan sus sentidos. Es un vivir sin aprender a volar con Dios, el Instructor de vuelo.

11. Hay una impotencia que impide creer en Jesús como Hijo de Dios, que consiste en leer el Evangelio desde la vanidad del alma; vanidad que cegó los ojos de los fariseos ante Jesús (Jn 9,39-41).

12. Cuando el Espíritu Santo nos abre un pasaje del Evangelio llenándonos con su luz, estamos viviendo un anticipo de la transfiguración que se realizará en nosotros con nuestra muerte (Mt 13,43).

13. No hay mayor tormento que no poder dominar ese fuego acusador que irresponsablemente prendemos en nuestra conciencia. Dios es Fuego por excelencia, pero no acusador, sino acogedor, nos integra en Él.

14. La Eucaristía, tanto como banquete como sacramento de la Adoración, transforma nuestro corazón, y eleva nuestra alma hacia Dios con tanta fuerza que nos transforma en Él.

15. “El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él”, dice Pablo (1Co 6,17). Esta es la vida eterna, vivir en Dios Padre como vive Jesús el Señor (Jn 1,18).

16. Cuando una persona llega a ver, oír, tocar y palpar la Palabra de Vida (1Jn 1…) se puede decir que ya sabe lo que es estar cara a cara con Dios. Lo concede a los humildes de corazón.

17. Antes se hablaba de vender el alma al diablo en un contexto de ciencia ficción. Hoy es casi normal venderse a sí mismo a la tiranía de la muerte al renunciar a la Trascendencia.

18. El deseo del salmista de gozar de la dulzura de Dios contemplando su Templo (Sl 27,4), lo tenemos ampliamente cumplido, pues tanto en el Sagrario como en el Evangelio la dulzura del Señor rebosa.

19. El que no está conmigo, está contra mí, dice Jesús. Esto se da un día sí y otro también en aquellos que prefieren la gloria de los hombres a la de Dios (Jn 12,42-43).

20. La promesa de Jesús “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, que yo os daré descanso” (Mt 11,28…), tiene que ver también con ese llanto tuyo que a nadie le importa. A Él sí.