Faro junto al mar

1. Cuando un marinero cae al agua no necesita un manual para mantenerse a flote, sino que debe saber nadar. Para adorar a Dios sobran los manuales, surge de forma natural al guardar su Palabra en el corazón.

2. El desorden del alma termina por afectar todo lo que hacemos e incluso lo que somos. La oración que brota del amor al Evangelio es nuestro mayor equilibrio tanto exterior como interior.

3. No es fácil ser discípulo de Jesús cuando quizás tu propia casa es “campo enemigo”. No es fácil, pero Dios se sirve de todo para que el Evangelio escuchado sea acrisolado; sólo así llega a ser tu Tesoro.

4. Cuando volvemos los ojos a los grandes reformadores de la Iglesia, los santos Benito, Teresa, Francisco, Vicente de Paúl, etc., nada nos asusta. Por muy triste que sea la realidad actual, la esperanza de nuevos santos nos sostiene.

5. La función esencial del Evangelio en ti es la de evangelizarte. Sólo así dejas de lado pesimismos y juicios, y te lanzas a la locura de llevar luz y sal a tus hermanos.

6. Cuando los pilares en los que has asentado tu vida en la que Dios está de más se van desmoronando, porque el paso del tiempo es inexorable, el único que te sigue esperando es Él.

7. Vivir bajo una presión tras otra, nos pasa a la mayoría, es casi socialmente correcto, pero es como vivir al lado de un precipicio. Date una tregua, busca a Dios.

8. La confesión de los pecados ante un sacerdote es todo menos la figura del reo ante un tribunal. Supone una revitalización personal ofrecida por Jesucristo, el Señor (Jn 20,23).

9. “Fijos los ojos en Jesús, principio y fin de la fe” (Hb 12,2). Efectivamente, Jesús, el que vive de la Palabra que recibe del Padre (Jn 8,28), abre y culmina nuestro camino de fe.

10. Podríamos llamar al Evangelio de Jesús la definitiva Visión de nosotros mismos. Sí, es otra forma de ver que nos da discernimiento para saber escoger lo que realmente nos hace crecer como personas y para Dios.

11. Cuando Jesús irrumpe en la vida de una persona, e irrumpe siempre que ésta quiere y le deja, el signo más relevante que se manifiesta es la sobreabundancia de vida (Jn 10,10).

12. Las protestas del cuerpo pueden ser un reflejo de las protestas del alma. Por ejemplo, cuando estamos deshidratados buscamos agua. En este sentido, un hombre sensato se preocupa de la deshidratación de su alma.

13. Es muy importante centrar nuestra atención en lo que es fundamental. Pidamos, pues, a Dios Sabiduría para calibrar lo que es lo suficientemente valioso como para centrar en ello nuestra atención.

14. La conquista de las libertades es realmente encomiable, pero nos quedaríamos totalmente atascados si dejamos de lado la conquista de la libertad por excelencia: la de desatarnos de la muerte eterna.

15. Vivir, a pesar de tanta debilidad, con la mirada puesta en Dios nos da una cierta inmunidad frente al fracaso. La fuerza que recibimos de Él para recuperarnos es asombrosa.

16. Necesitamos un rincón oculto en nosotros al que acudir de vez en cuando; esto en vistas a que la voracidad del mundo no nos haga extraños a lo mejor que tenemos: Dios.

17. Volverse a la Verdad desde un camino que un día se juzgó idóneo y con el tiempo vimos que era equivocado, supone un acto de sensatez y de amor que atraviesa de parte a parte el corazón de Dios.

18. El despertar del hombre hacia algo más consistente de lo que hasta ahora ha alcanzado es como una llamada no sólo a amar, sino también a ser en el Amor.

19. Nos dicen los Padres de la Iglesia que Jesús convirtió el mandamiento en Gracia, es decir, en fuerza interior que nos hace capaces de amar y agradar a Dios.

20. Cuando nos apropiamos de la Fuerza divina que aflora del Evangelio, es cuando realmente dejamos a Jesús que nos haga discípulos suyos. El Evangelio es la Fuerza que nos hace crecer en Él.