Atardecer

1. Examínate a fondo, coge en tus manos tu sensibilidad humana en toda su riqueza y revístela de las huellas de Dios, y nada de lo que ames se malogrará.

2. Cuando Dios nos dice que su Sabiduría, su Palabra, protege con su gloria a quienes la buscan (Sb 9,11b), está anunciando la vacuna que nos hace inmunes a la gloria que pasa.

3. Guardar la Palabra como María de Nazaret (Lc 2,19) es propio de los hijos de la Sabiduría; son tan sabios que defienden con uñas y dientes los bienes incorruptos –la Palabra- recibidos de Dios.

4. Hay quien habla de una apostasía silenciosa en Europa. Aun así tiene todas las de perder ante el resonar elocuente de la Palabra en el corazón de quienes ponen su vida en ella.

5. Algunos creen que la vida en cuanto tal está en sus manos; no está mal pero es un tesoro muy pobre. En nuestras manos está también la Vida, la podemos recoger de las manos de quien nos la ofrece desde su Cruz.

6. Una espada te atravesará el alma, oyó María como profecía (Lc 2,35). Espada que se clavó hasta la empuñadura al tiempo que una lanza atravesó el corazón de su Hijo. Discipulado y espada van juntos.

7. Por muy cansados que estemos, cuando la luz del día se posa sobre nuestro rostro termina despertándonos. Lo mismo pasa con el alma cuando es alcanzada por la luz de la Palabra.

8. Cuando dejamos que Dios se asome a nuestro corazón lo primero que sentimos son sus caricias; ante ellas se rinde la prepotencia que a veces demostramos hacia Él.

9. Si la humanidad tuviese conocimiento de que en la luna crece una planta capaz de provocar una pasión inmortal, buscaríamos todos los modos de ir hacia allí. El Evangelio es nuestra pasión inmortal.

10. El amor es ritmo y explosión; ambos se complementan. Cuando uno de los dos falta el amor no es más que una bocanada de ansia. Dios sabe mucho de amor, de sus ritmos y explosiones.

11. “¡Yo, y nadie más!”, dijo orgullosamente Babilonia (Is 47,10). He ahí el gran problema: yo y nadie más, Dios sobra. Cuando sobrevenga la desgracia, si no te reconstruye Él, nadie lo hará.

12. Pensar que nuestro crecimiento personal es cuestión de valores humanos excluyendo deliberadamente a Dios, es como exponer una sala de obras de arte a la corrosión de la humedad.

13. “En el monte Dios provee”, dijo Abraham cuando Dios libró a su hijo Isaac del sacrificio (Gé 22,1…14). En el monte Calvario Dios proveyó de un cordero inocente para destruir nuestra culpabilidad.

14. El anunciador del Evangelio es llamado por Dios para guardar y proteger el alma de sus hermanos. Caín no solo no guardó sino que atentó contra el cuerpo de Abel, su hermano.

15. “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, dijo Jesús a los suyos antes de subir al Padre (Mt 28,20). Sus discípulos basamos nuestra fe en Él por las múltiples experiencias de que verdaderamente no les ha dejado solos ante la adversidad.

16. Decimos que nuestra sociedad es consumista. Lo es solamente en una dimensión del hombre, y no tanto en lo que respecta a los bienes del alma. En general, no somos consumistas del Bien por excelencia: el Evangelio.

17. Cuando comentamos los defectos de alguien no arreglamos nada, más bien desarreglamos nuestro corazón con la ponzoña de la murmuración.

18. Es más que loable interesarnos por la ecología, el medio ambiente. No es menos loable cuidar la ecología del alma, no sea que llegue a convertirse en una escombrera.

19. Las emociones constituyen una riqueza en la vida de toda persona, pero si no están apuntaladas por el vigor del alma pueden llegar a ser una fuente de frustraciones.

20. A lo largo de la vida nos encontramos con encrucijadas que nos obligan a escoger una dirección. Acierta en la gran encrucijada de la vida, la que dice a Jesús: ¡mi apuesta eres Tú!