Católicos

La película televisiva Católicos, estrenada en 1973, sitúa su trama en un futuro indeterminado, donde la celebración del Concilio Vaticano IV ha originado profundas transformaciones en el seno de la Iglesia católica. Frente a ellas se revela un monasterio de Irlanda, cuyos monjes contradicen los preceptos marcados, oficiando la misa en latín y viviendo su fe según los principios tradicionales. Hasta su remoto enclave se trasladará un emisario de la Santa Sede, con el fin de entrevistarse con el abad y buscar una solución al problema.

Rodado en las postrimerías del Concilio Vaticano II, el largometraje parte de una novela de Brian Moore, adaptada al guion por el propio escritor. Coincidiendo con una época de importantes cambios en la Iglesia católica, esta historia expuso cuestiones inusuales -cinematográficamente hablando-, que conforman una propuesta muy singular, a la vez que ambigua en sus planteamientos. Fue dirigida por Jack Gold y contó con conocidos actores en su reparto, como Martin Sheen, Trevor Howard o Raf Vallone.

El ficticio concilio ha socavado los cimientos del dogma católico, en favor de un ecumenismo mal entendido, mientras que la réplica la constituyen unos monjes obcecados con la misa en latín. La actitud de estos, no obstante, es más lógica en asuntos como la defensa de la confesión individual y de la transubstanciación. Asimismo, rechazan convertirse en meros activistas de lucha social, en vez de buscar la salvación de las almas.

El relato desarrolla diversos conflictos surgidos por una nueva doctrina, cuyas tesis se alimentan, en gran medida, por la teología de la liberación. El rumbo tomado por la Iglesia encontrará la desaprobación de unos religiosos contemplativos que no habrían aceptado siquiera el Concilio Vaticano II, al menos en su totalidad. De modo que es difícil identificarse con alguna de las posturas enfrentadas.

Un factor que debilita la posición de los sublevados y aumenta el desconcierto general de la película es, sin duda, el comportamiento del abad. Se trata de un hombre que perdió su fe hace años. Encarna la figura del eclesiástico cuyas motivaciones religiosas se han desvanecido, pero no sabe a dónde ir, después de pasar muchos años de su vida en la Iglesia.

La llegada del enviado del Vaticano coloca al abad frente a varias alternativas poco halagüeñas, pues su comunidad tendrá que elegir entre aceptar los mandatos de una Iglesia secularizada, permanecer en su incómoda situación -al modo de Marcel Lefebvre- o decantarse por una ruptura total. En definitiva, estamos ante un film poco conocido que plantea interesantes preguntas, aunque sin aportar respuestas.