El bosque

Si no has visto El bosque, de M. Night Shyamalan, antes de nada tengo que advertirte que en este artículo hay varios spoilers sobre la película. No quiero que nadie se sienta defraudado, como les ha sucedido a no pocos espectadores que se han acercado al film de Shyamalan, desde su estreno en 2004. Lo cierto es que no se trata de la producción de terror puro que podría esperarse, sino más bien de un drama metafórico, algo que ha descolocado a muchos.

Tanto a la obra como al director no le faltan detractores. De Shyamalan no se puede negar que cuando está inspirado es capaz de grandes cosas, porque suele ir más allá que la mayoría de sus colegas hollywoodienses, ya sea por talento, por capacidad de riesgo o por ambas cualidades. En El bosque trasciende de los convencionalismos del género, desplegando una intensa historia de amor y una lúcida alegoría sobre el miedo. Sin embargo, no por ello renuncia a incluir varias secuencias terroríficas, donde juega con destreza con una amenaza que apenas vemos.

Pese a algunas incongruencias en el guion, no comparto las críticas negativas hacia esta infravalorada cinta. De hecho, es la que más me gusta de Shyamalan, quien no anduvo precisamente escaso de medios. Dirigió a un reparto de primera, con actores del nivel de Joaquin Phoenix, Sigourney Weaver, William Hurt, Adrien Brody o Brendan Gleeson. El elenco está encabezado por la hasta entonces desconocida Bryce Dallas Howard, que interpreta Ivy, una joven invidente. El realizador, además, contó con la sobresaliente banda sonora de James Newton Howard. El reconocido compositor hizo un uso magistral del violín, aportando una música que captura lo tenebroso y lo lírico de la propuesta, contribuyendo decisivamente a su lograda atmósfera.

La trama transcurre en la pequeña población rural de Covington, emplazada en un recóndito lugar de Pensilvania. Sus habitantes permanecen aislados en el interior de un bosque, debido al acecho de unas violentas criaturas que les impiden traspasar los límites de su aldea, marcados con señales amarillas. Aunque sus viviendas, su forma de vestir y sus costumbres corresponden al siglo XIX, más adelante descubrimos que el relato pertenece a la época actual.

La comunidad fue creada por varias personas que decidieron alejarse del mundo, tras sufrir la pérdida de algún ser querido a causa de un crimen. Se esconden del mal y de sus traumas en vez de hacerles frente. Buscan proteger a los suyos a cambio de privarles de su libertad, mediante un plan que se asienta en la inestable base de una mentira. Sus hijos ignoran la verdad y creen cierta la existencia de aquellos de los que sus progenitores dicen no hablar nunca y a los que siempre están mencionando.

La viabilidad de su proyecto se verá comprometida cuando la protagonista, Ivy, solicite permiso para salir a por medicinas, después de que Lucius, el joven del que está enamorada, sea apuñalado por un vecino mentalmente trastornado. Ivy, pese a estar ciega, tiene una visión más amplia que la de los fundadores de Covington. En su propósito no se guiará por sus ojos, sino por un amor más fuerte que las reticencias de su propio padre.

Bryce Dallas Howard

La película plantea la pregunta de si verdaderamente es posible huir de la maldad y también presenta la cuestión de si el fin justifica los medios. Las marcas que cercan al apartado poblado simbolizan, en realidad, los límites mentales de aquellos que eligieron retirarse allí. Son unas señales que, por contra, no ve una chica movida por su perseverancia y su corazón.

En Hollywood saben bien que se precisa poco dinero para producir títulos de terror rentables en la taquilla. El problema es que esa escasez de recursos no suele ser suplida con ideas brillantes y abundan los guiones pobres, sin que ello parezca afectar a la venta de entradas y de palomitas. Por eso, resulta estimulante encontrar historias del trasfondo de El bosque. Acercarse a esta cinta de Shyamalan como mero entretenimiento puede decepcionar, ya que su principal valor reside en que invita a pensar y eso, en un género tan devaluado, son palabras mayores.