San Francisco de Asís

San Francisco de Asís (Cimabue)

Pocas personas como el franciscano Éloi Leclerc han trasmitido con tanta claridad la experiencia de su encuentro con Francisco de Asís. Su paso por dos campos de concentración, durante la Segunda Guerra Mundial, le obligó a ir más allá en sus planteamientos, al vivir la crueldad del conflicto en primera persona.

En una situación en la que jamás pensó que se encontraría, los cimientos de su fe se tambalearon. Cuando sus compañeros franciscanos cautivos y él observan cómo el hombre les «parece un ser irrisorio, sin valor, sin apoyo, sin esperanza: un ser a merced de un remolino de fuerzas que se burlan de él, o, mejor, le ignoran»1, Leclerc no puede evitar preguntarse por la ausencia de Dios. También observó, con incredulidad, el paralelismo entre un hombre devastado por sus semejantes y aquella armonía de Francisco con todas las criaturas, que le había cautivado a los doce años.

 

Prisionero en los campos de Buchenwald y Dachau

Éloi Leclerc nació en 1921 en Landerneau, ubicada en la Bretaña francesa, en una familia formada por once hermanos. Ingresó en el noviciado franciscano de Amiens en 1939, el año en que inició la Segunda Guerra Mundial. Convivía con un grupo de jóvenes franciscanos, junto a los que años después no pudo huir de la guerra. Si entraban en la resistencia, su comunidad sufriría las represalias. Dadas sus circunstancias, tuvieron que viajar en 1943 a Alemania, atendiendo a una invitación cuyo pretexto era que diesen presencia cristiana a los miles de jóvenes franceses obligados a trabajar en el país germano.

Después de realizar duros trabajos en Alemania, la situación de Leclerc se complicó cuando fue considerado sujeto sospechoso, junto a otros religiosos, y lo deportaron en 1944 al campo de concentración de Buchenwald. Al año siguiente fue trasladado a Dachau, donde permaneció hasta la liberación de los prisioneros a finales de abril de 1945.

Tras la derrota nazi regresó a Francia. En su país fue ordenado sacerdote y ejerció como profesor de Filosofía, entre 1951 y 1983. Ha escrito varios libros que llevan la huella de lo que vivió en la contienda. En 1959 publicó Sabiduría de un pobre, una pequeña joya convertida en un clásico de la espiritualidad franciscana, que no ha dejado de editarse.

Posteriormente, en 1970 publicó su estudio El Cántico de las Criaturas, o los símbolos de la unión, que tuvo una aceptación mucho menor, porque, según explica su autor, salía al paso «de una imagen fuertemente arraigada… de un Francisco príncipe encantador de la creación».

 

La esencia de Francisco de Asís

Uno de los grandes valores de la obra de Leclerc está en no limitarse a ofrecer una perspectiva personal de Francisco, sino en ahondar en su verdadera esencia. A veces el legado del patrón de Italia se aborda desde visiones sesgadas. En relación a esto, en el ochocientos aniversario de su conversión, Benedicto XVI dijo: «El mismo Francisco sufre una mutilación cuando se le presenta como testigo de valores importantes, apreciados por la cultura actual, pero se olvida que su elección profunda, el centro de su vida, es la elección de Cristo».

Aunque Francisco amase a las criaturas no era ecologista. Su rebeldía tampoco lo convertía en el hippie de la película Hermano sol, hermana luna. Él siempre iba más allá, al lugar donde le conducía su amor por Cristo. Un amor que le hacía buscar su presencia por todas partes, sin dejar la mano en el arado y seguir mirando atrás. Al buscarlo con insistencia, lo descubrió en sus criaturas.

 

La noche oscura en medio del caos

En la crisis existencial del padre Leclerc y el posterior renacer que vivió, junto a otros hermanos, hay similitudes con los últimos años de la vida del santo de Asís, pero puntualiza: «En la historia ha habido un solo Francisco de Asís… No, no pretendemos en modo alguno haberle imitado, ni de cerca, ni de lejos. Pero ¡ya es mucho que se nos diera el haber cantado el sol en la muerte!»1.

Sabiduría de un pobre plasma la crisis espiritual que sufrió Francisco, al ver que muchos de sus hermanos querían relajar su ideal de pobreza evangélica. Esta situación provocó la primera crisis en una orden que, en pocos años, había pasado de unos cuantos hermanos a más de cinco mil y cuya organización ya era complicada de por sí. A esa angustia se sumaban sus enfermedades, especialmente la de los ojos, que le provocaba un insoportable dolor.

En el invierno de 1224, al llegar del monte Alverna a San Damián, donde vivía Clara, «llevaba más de cincuenta días sin poder soportar de día la luz del sol, ni de noche el resplandor del fuego. Permanecía constantemente a oscuras tanto en la casa como en aquella celdilla. Tenía, además, grandes dolores en los ojos día y noche, de modo que casi no podía descansar ni dormir…»2.

Fue justo entonces cuando cantó al sol, a la luna, al agua, al fuego… a unos elementos que casi no podía ver. El padre Leclerc da una dimensión al cántico por encima de su valor literario o de una interpretación basada en la alabanza a la naturaleza. Nos habla de un cántico que surge del lugar donde el dolor no ha conseguido calar y que define como la inocencia.

Salvando las distancias, ese canto refleja lo que vivió el padre Leclerc. En medio del caos, como víctima de las atrocidades del nazismo, el Pobre de Asís iluminó su alma. Le hizo entender que la esencia del carisma franciscano es un cántico de esperanza de fraternidad, un lucero en medio de la oscuridad de un mundo que no ha dejado de luchar contra sí mismo.

Gracias a esta experiencia pudo sobreponerse a toda esa deshumanización que había vivido. Logró mantener su confianza en Dios, incluso en un momento crítico, al igual que el Poverello para vencer su angustia y alcanzar su cima espiritual. Una cima en la que llegó a unirse espiritualmente con Cristo, al recibir los estigmas.

Abrazo de Francisco al Crucificado

Abrazo de Francisco (Ribalta)

 

Más allá de Sabiduría de un pobre

Éloi Leclerc ha escrito otros libros, aunque los más conocidos son los relacionados con la espiritualidad franciscana. En 1981 publicó Francisco de Asís, encuentro del Evangelio y de la Historia. Esta interesante obra sitúa a Francisco dentro del contexto económico, social y político de su época, un paso imprescindible para comprender sus inquietudes y las propias características de la orden que fundó.

En 1999 aparece El sol sale sobre Asís, donde realiza el difícil ejercicio de mirar atrás y recordar su sufrimiento en la Segunda Guerra Mundial. En él se pregunta, desde el carácter filosófico de todos sus libros, si hemos aprendido lo suficiente del drama del siglo XX o «se ha acusado demasiado y se ha cuestionado poco»3. No solo reflexiona sobre las causas que llevaron a tantas personas en Alemania a realiza tal masacre, sino acerca de qué puede arrastrar al hombre, bajo una ideología, a perpetrar semejante devastación.

El padre Leclerc destaca la pureza y la inocencia entre aquello que puede escaparse de la destrucción. Estas ideas son fundamentales dentro de su obra. Al hilo de esto, en Sabiduría de un pobre lamenta que lo más terrible de nuestro tiempo es que «hemos perdido la ingenuidad»1.

En sus libros ha expresado con claridad y de manera poética sus consideraciones filosóficas sobre la fe. Toda su obra está marcada por una espiritualidad forjada en una situación límite, que le obligó adentrase en las entrañas del misterio de Dios para no caer en el abismo.

Una de sus grandes aportaciones, dentro de la espiritualidad franciscana, radica en empujar a aquellos que se acercan a su obra a no quedarse en la corteza del carisma franciscano, sino a ir más allá para conocer a alguien que amaba a Dios con todas sus fuerzas. En definitiva, a descubrir o redescubrir a Francisco de Asís, el hombre que le guio a ver la luz, en la cruz de Cristo.

Éloi Leclerc

«Francisco me abrió el alma a la sintonía profunda de las cosas y a la armonía de todo lo que vive. En un universo desencantado, él ha sido para mí el encantador. Me ha mostrado el camino de una humanidad verdadera…»3.

«Estaba condenado a escribir caóticos recuerdos infernales. Pero he aquí que el encuentro con el Pobre de Asís hizo brillar en mi camino una claridad divina. Y mi ‘amarga amargura’ se trocó, más allá del horror, en un dulcísimo canto»3.


1. E. Leclerc, El Cántico de las Criaturas, o los símbolos de la unión. París, Desclée de Brouwer, 1970.
2. Leyenda de Perusa, LP 83.
3. E. Leclerc, El sol sale sobre Asís. París, Desclée de Brouwer, 1999.