A lo mucho que ya de por sí ofrece a un fotógrafo una ciudad tan idílica como Cáceres hay que sumar las posibilidades de la fotografía en Semana Santa. En ella confluye un obvio valor documental con la modalidad de retrato o la arquitectónica, aunque esta en segundo plano. También aporta una amplia variedad de condiciones de luz para elegir y con las que lidiar. Y, por supuesto, la agitación de saber que, muchas veces, solo cuentas con un suspiro para capturar una imagen irrepetible.
No obstante, si algo distingue a esta modalidad del resto es la oportunidad que te proporciona de recoger emociones únicas desde tu objetivo, porque, más allá de la admiración que produce una fotografía bien hecha, aúna lo trascendente con las hondas raíces personales y culturales de un pueblo.

































