Ponette

La temática de Ponette, del francés Jacques Doillon, es realmente singular. El título de la película está tomado del nombre de su protagonista, una niña de solo cuatro años, desolada por el reciente fallecimiento de su madre. Como espera reencontrarse pronto con ella, su padre le intenta hacer ver que eso es imposible y que debe regresar cuanto antes a la realidad.

Los escasos argumentos que la pequeña recibe por parte de su progenitor son bruscos y faltos de tacto, pues este se siente tan frustrado por la pérdida de su esposa que es incapaz de ofrecer las palabras adecuadas para superar el duelo. Pese a todo, Ponette no se resignará y buscará la forma de volver a ver a su madre.

Doillon nos embarca en un viaje de descubrimiento del significado de la muerte, a través de los ojos de una niña. Con una inquebrantable tenacidad, la chiquilla buscará respuestas con unos resultados desconcertantes, por las incongruentes afirmaciones de los chavales de su edad sobre un tema del que apenas conocen nada. Serán su tía y una maestra las que aporten razonamientos coherentes a sus indagaciones, con sus explicaciones acerca de la Resurrección de Cristo, muy alejadas de la perspectiva agnóstica de su padre. Aunque no por ello la cinta tiene una base propiamente cristiana. Sería más preciso definir su visión como espiritual.

El film narra la dolorosa historia por la que atraviesa una angustiada Ponette, excepcionalmente interpretada por Victoire Thivisol, cuyo trabajo le proporcionó la Copa Volpi a la mejor actriz en el Festival de Venecia. Sobre sus hombros recae el peso del relato, ya que aparece en todas y cada una de las secuencias. Muchas de ellas están íntegramente representadas por críos, por lo que no debió ser un rodaje sencillo.

Este largometraje, estrenado en 1996, despliega una sincera exploración de la psicología infantil y de la trascendencia de la vida, pero resulta algo carente de fuerza y es disperso en su desarrollo. Sobresale, eso sí, la composición de su pequeña protagonista, que simboliza la fe inocente de los niños, pues nunca pierde la esperanza, aun sin comprender muchas cosas.