3.5 estrellas
7
Carros de fuego
Título original: Chariots of Fire
Año: 1981
País: Reino Unido
Duración: 125 min.
Género: Drama, Deporte, Biográfico
Categoría: Películas cristianas
Edad: +13
Director: Hugh Hudson
Guion: Colin Welland
Música: David Watkin
Fotografía: Vangelis
Reparto: Ian Charleson, Ben Cross, Nigel Havers, Cheryl Campbell, Alice Krige, Ian Holm, John Gielgud

¿De qué trata?

Entre los veloces atletas británicos Eric Liddell y Harold Abrahams surge una gran rivalidad. Sus motivaciones son muy diferentes: Abrahams es judío y busca demostrar su valía en una sociedad donde los suyos son una minoría, mientras que Liddell es cristiano y corre impulsado por su fe.

Alas en los pies

Lo normal es que las películas alcancen su momento cumbre hacia el final, sin embargo, en Carros de fuego sucede justo lo contrario. Comienza fuerte, como si de los cien metros lisos se tratara, con su icónica secuencia de un grupo de atletas corriendo por la playa y la magnífica banda sonora de Vangelis de fondo. El contraste, entre el estilo clásico de este drama ambientado en los años veinte y la música electrónica del compositor griego, funciona a la perfección.

Lo cierto es que esta historia basada en hechos reales va de contrastes. Sus dos protagonistas comparten bandera y cualidades para el atletismo, pero poco más. Harold Abrahams se siente desubicado dentro del sistema y quiere decirle a los demás dónde está su sitio. Lo suyo es una cuestión de orgullo y solo le vale ganar, una meta que acaba convirtiendo en casi una obsesión. Su mayor rival, el escocés Eric Liddell, es hijo de misioneros y está muy vinculado a su comunidad cristiana. Su hermana teme que las carreras le desvíen de otros objetivos, a lo que él le replica que corre para honrar a Dios.

Ambos corredores son seleccionados para representar a Gran Bretaña en los Juegos Olímpicos de 1924, que se disputan en París. Ahí es donde surge un conflicto con Liddell, cuando este se niega a competir en domingo por congruencia con sus convicciones. Su decisión puede descolocar, no solo desde una perspectiva contemporánea, sino cristiana, porque Liddell hace referencia al sabbat. Ya al principio del film les dice a unos chicos que ese no es día para jugar al fútbol. Su postura, no obstante, debe contextualizarse en su época y en su entorno de base calvinista.

El sabatismo dominical es una práctica seguida por algunas confesiones protestantes. Aunque ha tenido distintas corrientes, básicamente consiste en dedicar el domingo al culto, sin otras distracciones. Estuvo especialmente asentado en Inglaterra y en Escocia. Tal vez por ello es tratado con naturalidad por el guionista Colin Welland. Es más, el patriotismo de la cinta -un sentimiento muy ligado a los campeonatos deportivos por naciones- queda relegado por la coherencia de Liddell, quien pone a Dios por encima de su bandera y de esa gloria pasajera por la que lucha Abrahams.

Al productor David Puttnam le inspiró la historia de Eric Liddell y fue el impulsor del largometraje. Eligió como director a Hugh Hudson, quien tuvo ante sí su primera gran oportunidad en el cine. La posterior carrera de Hudson estaría marcada por varios fracasos comerciales. Aquí tiende a ralentizar el ritmo en exceso, algo que se hace más palpable cuando comienzan las competiciones olímpicas. Aunque, en líneas generales, su trabajo es correcto, sobre todo en la dirección del reparto de intérpretes, donde los principales papeles recayeron en los desconocidos Ben Cross e Ian Charleson. Este último intentó mimetizar el estilo poco vistoso de Liddell.

Tras no llevarse ningún premio destacado en su paso por el Festival de Cannes, la producción fue la sorpresa en los Óscar de su año al ganar en las categorías de película, guion original, banda sonora y vestuario. Dio inicio a la época dorada de Puttnam, que completarían Los gritos del silencio y La misión. El productor logró con Carros de fuego un film deportivo que se sale del molde y que, dentro de la cultura popular, es el más representativo de las olimpiadas. El esfuerzo y la camaradería, junto con ese trasfondo espiritual que le da un aroma especial, son el armazón de un clásico donde Vangelis se llevó la medalla de oro.

Carros de fuego (fotograma)