3.0 estrellas
6
El juego perfecto
Título original: The Perfect Game
Año: 2009
País: Estados Unidos, Canadá, México
Duración: 118 min.
Género: Drama, Comedia, Deporte
Categoría: Películas familiares
Edad: +7
Director: William Dear
Guion: W. William Winokur
Música: Bill Conti
Fotografía: Bryan Greenberg
Reparto: Clifton Collins Jr., Cheech Marin, Emilie de Ravin, Moises Arias, Jake T. Austin, Carlos Padilla Lenero

¿De qué trata?

El padre Esteban es un buen sacerdote que cuida de los chicos de un entorno desfavorecido de Monterrey. Como es muy aficionado al béisbol, forma con ellos un equipo y para entrenarlos trata de convencer a César Faz, que estuvo vinculado en el pasado a las grandes ligas. Pese a su falta de predisposición, César acaba asumiendo el encargo de dirigir a los Industriales de Monterrey, quienes representarán a México en la serie mundial en su categoría, disputada en 1957 en Estados Unidos.

Derribando muros de la segregación racial

El juego perfecto tiene todos los clichés del género y, con ellos, todo lo que funciona bien en las películas deportivas. Su improbable historia está basada en los hechos reales recogidos por W. William Winokur en un libro, que el propio escritor adaptó al guion dirigido por William Dear. Dentro de lo previsible que resultan este tipo de largometrajes, toca varios temas de interés más allá del béisbol y destaca por los valores que transmite.

El entrenador César Faz está ya de vuelta, pero se reencuentra a sí mismo aceptando un cargo que rechaza en un primer momento. Inculca a sus pupilos una disciplina que a él le falta, incluso para intentar conquistar a María, de la que está enamorado. Su lugar de entrenamiento no se parece en nada a un campo de béisbol y sus jugadores son bastante bajitos. Nadie apostaría por ellos, sin embargo, empiezan ganando sus partidos. Sus gestas no pasan desapercibidas y comienza a seguirles una joven periodista, que no había estado ligada previamente al deporte.

Los chicos del equipo viven en un barrio humilde. Sus padres trabajan duro en una fundición y apenas les pueden dedicar tiempo, porque es poco el tiempo libre que les concede su patrón. El padre Esteban es para ellos una figura paterna, aparte de su referente espiritual. El catolicismo es parte consustancial de sus vidas y está muy presente en la trama. De hecho, cuando el sacerdote tiene que abandonar la expedición por un problema con su visado, son los pequeños los que demandan un guía espiritual que los acompañe. El puesto de Esteban, en tierras estadounidenses, es ocupado por un pastor protestante.

La cinta realiza un oportuno guiño al ecumenismo. Los puentes que crea contrastan con los muros de la discriminación racial que sufre el equipo mexicano en Estados Unidos. En ese contexto, sin ser ajenos a los prejuicios que despiertan en algunos, los Industriales de Monterrey prefieren centrar sus energías en continuar acumulando victorias, mientras sus hazañas son seguidas con entusiasmo en México, en particular por sus padres, quienes habían sido privados de sus sueños por los rigores de la vida.

William Dear intercala imágenes de archivo para proporcionar más autenticidad a un film cuyo constante acompañamiento musical resulta excesivo. Lo cierto es que la historia es mejor que esta película, donde buenos y malos son muy obvios. No obstante, se trata de un inspirador drama deportivo con potencial para entretener, si le das una oportunidad. Es un ejemplo de lo que el deporte, el trabajo en equipo y la fe pueden impulsar a lograr incluso en circunstancias adversas.

El juego perfecto (fotograma)