En busca de la felicidad

Entre las muchas películas que han tratado el sueño americano, desde una visión positiva o negativa, una de las más relevantes es En busca de la felicidad. Dos de las principales bazas de este film están en su adaptación -con licencias- de una inspiradora historia real y en su escenificación de las profundas desigualdades en Estados Unidos. Lo que para algunos es un sueño para otros no es más que un mito que, pese a todo, podrían alcanzar.

De la alta valoración de la cinta en sitios como FilmAffinity se deduce claramente que ha calado entre el público. Y si ha tocado la fibra sensible de muchos espectadores es evidente que, en gran medida, se debe a su manera de mostrar la conmovedora tenacidad de un padre, Chris Gardner, para sacar adelante a su hijo Christopher, de cinco años, mientras sobreviven en unas penosas condiciones. Estos personajes están interpretados por Will Smith y por su hijo Jaden.

Los contratiempos de Chris surgen a raíz de un negocio de venta de escáneres médicos, en el que invirtió en el pasado y que no le resulta nada rentable. Más tarde, su pareja y madre de Christopher se desentiende del muchacho. Su padre busca con insistencia un trabajo como corredor de bolsa, sin embargo, solo logra ser admitido para unas prácticas no remuneradas, sin saber si le contratarán. Entretanto intenta vender los últimos escáneres que le quedan, pero llega a un punto en el que no puede pagar el alquiler y acaba literalmente en la calle con su hijo, porque no tiene a nadie que le apoye.

Detalles como la publicidad en un taxi de Robert De Niro en Toro salvaje nos sitúan a principios de los ochenta. Por entonces fue cuando comenzó a comercializarse el cubo de Rubik, un rompecabezas que utiliza el guionista, Steve Conrad, para poner de manifiesto la inteligencia de Chris, pese a su poca formación. El relato, dirigido por el italiano Gabriele Muccino, también refleja su don de gentes, que le sirve para adentrarse en el mundo de las operaciones financieras de una gran empresa, paradójicamente, sin saber dónde dormirá cada día.

Will Smith y Jaden Smith

La propuesta idealiza a los corredores de bolsa, una figura que habitualmente se ha retratado de forma desfavorable en el cine, aún más después del colapso de 2008. Esta producción se estrenó un poco antes de aquella crisis, en diciembre de 2006, y muestra a unos agentes financieros que encarnan el sueño americano que anhela Chris. Se trata, por tanto, de una meta ligada aquí a la prosperidad económica. Y no es una excepción. En Erin Brockovich la protagonista apenas tiene tiempo para sus tres hijos pequeños, debido a sus aspiraciones en el terreno de la abogacía. Cuando su pareja -convertido en canguro- le cuestiona sobre lo que se están perdiendo sus hijos, le responde que hace más por ellos que antes, refiriéndose a un plano material, pues están creciendo con una madre semiausente.

En estas películas se presenta un sueño americano vinculado a la cultura del consumo y, especialmente en Erin Brockovich, centrado en la realización individual frente a la colectiva. En este título de Steven Soderbergh el éxito profesional y el reconocimiento que conlleva parecen estar por encima de la maternidad, sin que exista un equilibrio. Esta mentalidad norteamericana tan individualista es patente en entornos muy diversos. Por ejemplo en la NBA, donde algunos jugadores consiguen marcas personales estelares, noche tras noche, mientras sus equipos no dejan de perder.

Ese ideal social y cultural surgido en Estados Unidos se alcanza trabajando duro, pero no está garantizado ni por el esfuerzo ni por el talento. En busca de la felicidad muestra las dos caras de la moneda. El reverso negativo viene dado por un mal negocio que deja a Chris y a su hijo en la calle, junto a miles de indigentes que vagan por San Francisco. De modo que el sueño está restringido a algunos y, obviamente, es más fácil de lograr dependiendo de las oportunidades ofrecidas por la familia de nacimiento de cada uno.

La gran pregunta, no obstante, está en si la consecución del sueño americano, tan materialista e individual, va ligada a la felicidad. ¿Verdaderamente eran tan felices como en el film aquellos operadores financieros que colapsaron el sistema? En ese ámbito da la sensación de que antes de la crisis de 2008 nada era suficiente y hubo un impulso desmesurado, casi irracional, para aumentar los beneficios.

Aunque no todo es blanco o negro. En el personaje interpretado por Will Smith también hay una noble aspiración a un empleo con el que se sienta realizado y aproveche sus cualidades. Y no lo persigue relegando a su familia, sino movido por su instinto paternal. Su principal motivación está en su hijo, en la necesidad de proporcionarle un techo y una educación adecuada. Lo más conmovedor del largometraje es, justamente, la encomiable lucha de un padre para darle un futuro a su hijo.

Incluso una potencia económica como Estados Unidos tiene importantes limitaciones que restringen el ideal del sueño americano a unos pocos. Los vacíos del sistema son paliados por una solidaridad nacida de lo comunitario, donde muchos encuentran un salvavidas y una oportunidad para seguir adelante. En la cinta, Chris y su hijo son acogidos en una iglesia, algo que realmente sucedió, pues recibieron el amparo de una congregación metodista. En una secuencia vemos cómo su fe los consuela, mientras escuchan a un coro góspel. Pueden vivir ese momento porque es gratis y porque, sueños aparte, la realidad del cristianismo es que admite a todos e iguala a ricos y a pobres.