La Pasión de Cristo

Mel Gibson se convirtió en el actor mejor pagado de Hollywood al protagonizar El patriota, estrenada en el año 2000. Por entonces era una estrella y con ese estatus se le permitían sus salidas de tono. Pero cuando se propuso llevar a cabo una adaptación sobre Jesús de Nazaret, cambió la historia. Pasó de la cima al infierno.

El estreno mundial de La Pasión de Cristo fue el 25 de febrero. Recuerdo que la vi un Viernes de Dolores, el día que se lanzó en España. Me generó sentimientos encontrados, porque no tolero demasiado la violencia. Sin embargo, para valorar una película tienes que ir más allá de las sensaciones que te genera y no se pueden negar las indudables virtudes de este film, que ahora, después de haber visto mucho cine, aprecio aún más.

Esta dramatización de las últimas horas de Jesús no solo consiguió aportar algo nuevo a una historia tantas veces contada, sino que se salió del canon, convirtiéndose en un referente para posteriores versiones. Un ejemplo significativo de su influencia es la miniserie La Biblia, de 2013, que concede a María un protagonismo insólito en una adaptación de sensibilidad evangélica, sin duda inspirado por ese vínculo de Jesús con su Madre magistralmente representado por La Pasión de Cristo.

 

La película que nadie quería

El proyecto de Mel Gibson fue rechazado por las grandes productoras de Hollywood. De modo que el realizador se lanzó a financiarlo él mismo, a través de Icon Productions. La polémica por su violencia y las acusaciones de antisemitismo estuvieron ahí casi desde el principio. En relación a lo segundo, cuando todavía faltaba en torno a un año para el estreno, Gibson declaró en la agencia ZENIT: «No es una historia de judíos contra cristianos. El propio Jesús era judío, su madre era judía y también sus doce apóstoles»1.

Los intentos de boicot tuvieron efecto, ya que provocaron que la 20th Century Fox se echase atrás con la distribución2. A los treinta millones que Gibson había gastado en producir la cinta tuvo que añadir unos quince más para poder distribuirla3, con el único apoyo de la pequeña compañía Newmarket Films. A pesar de que el cineasta católico había logrado el respaldo de las comunidades protestantes, no parecían muy halagüeñas las perspectivas de un largometraje rodado en latín y arameo, cuyos únicos actores conocidos eran Monica Bellucci y el por entonces emergente Jim Caviezel. Sin embargo, la polémica amplificó enormemente su difusión, proporcionándole una publicidad impagable.

Monica Bellucci

Se generó tanta expectación que el día de su estreno recaudó veintiséis millones de dólares solo en Estados Unidos, que casi cubrieron los gastos de producción. Allí permaneció más de tres semanas en el primer puesto. Pero no solo funcionó bien en su país. En Japón, donde los cristianos son una minoría, superó los diez millones.

La Pasión de Cristo se convirtió en una de esas películas que los espectadores se lanzan a ver, ya sea para dar una valoración propia o por curiosidad, aun a sabiendas que el resultado puede defraudarles. Así es que lo que podría haber sido una propuesta con poco recorrido, tal vez solo para el público cristiano, acabó alzándose como la producción independiente con mayor recaudación de la historia. También ocupó el primer lugar en la categoría de clasificación por edades R en Estados Unidos y Canadá, y entre las cintas con un idioma diferente al inglés, con sus más de seiscientos millones en todo el mundo.

Los datos fueron inapelables, pero provocó reacciones encontradas entre la crítica. Ángel Fernández-Santos de El País la consideró «deleznable» en una reseña titulada «Profanación». Para A. O. Scott, en The New York Times, era «deprimente» y calificó la banda sonora de John Debney como «un espectáculo espeluznante». Muy distinta fue la valoración de Roger Ebert, quien tras afirmar que era el film más violento que había visto añadió: «Este no es un sermón ni una homilía, sino una visualización del acontecimiento central de la religión cristiana. Tómelo o déjelo»4. Acerca de la inevitable cuestión del antisemitismo dijo: «Mi sensación es que la película de Gibson no es antisemita, sino que refleja una variedad de comportamientos por parte de sus personajes judíos, en general favorablemente»4.

 

Un giro en la iconografía de la Pasión

Las películas que ha dirigido Mel Gibson son violentas, con la única excepción de El hombre sin rostro. Cada cineasta tiene una sensibilidad diferente hacia la violencia, que en La Pasión de Cristo es utilizada para que el espectador entienda la magnitud del sacrificio de Jesús para redimir al mundo. El objetivo de que nadie quedase indiferente tras su visionado se cumplió con creces, pues dio mucho de qué hablar.

El largometraje se desmarca bastante de la tradicional iconografía de la Pasión, no solo en el cine, sino en el arte en general. Tanto la pintura como la escultura han creado obras que inspiran o suscitan devoción desde la belleza. La crucifixión, no obstante, era una condena tan horrible que los cristianos tardaron siglos en comenzar a representarla. En las tallas del románico Jesús tiene un semblante indoloro en la cruz y en algunos casos está coronado para realzar su majestad, pese a haber sido ajusticiado como un criminal. No es hasta el gótico cuando se muestra a Cristo padeciendo en la cruz.

Mel Gibson le da instrucciones a Jim Caviezel

Gibson dejó de lado esa figuración romántica, consolidada por el cine en clásicos como Jesús de Nazaret, para buscar el realismo. Aun así y todo, la violencia me parece desmesurada. No encuentra un equilibrio, porque no hacía falta tanto para entender el sufrimiento del Mesías. Gibson presentó una reedición en 2005, donde recortó cinco minutos de escenas violentas, atendiendo a las peticiones que le llegaron en ese sentido.

Probablemente nadie haya tenido que pagar un precio tan alto tras realizar una producción tan rentable económicamente. Esta incursión bíblica de Gibson truncó su carrera en su mejor momento. Luego tuvo comportamientos que tampoco ayudaron. Hollywood tardó años en perdonarle y vetó al protagonista de su película, Jim Caviezel, mientras permanecía en silencio frente a los abusos de Harvey Weinstein y compañía. Apenas se reconoció el encomiable esfuerzo de Caviezel, quien afrontó interminables sesiones de maquillaje y se sobrepuso, entre otros contratiempos, a una hipotermia, dos rayos y un hombro dislocado al caerle la cruz encima. Lo que en otros casos habría sido una actuación del método, en el suyo fue un auténtico acto de fe.

El film ha aguantado el paso del tiempo, como evidencia la propia existencia de este artículo, y está prevista una continuación de la que se lleva años hablando. Marcó un hito con una representación de la Pasión que perturba más que conmueve. El resultado no es perfecto, pero está hecho con una indudable convicción. Y la controversia que despertó demuestra que el mensaje de Cristo no solo fue percibido como una amenaza en su época, sino que sigue siendo profundamente transgresor.


1. Mel Gibson narra la mayor historia jamás contada. ZENIT, 06-03-2003.
2. Fox passes on Gibson’s ‘The Passion’. Los Angeles Times, 30-08-2003.
3. What Mel’s Passion Will Earn Him. Forbes, 03-03-2004.
4. R. Ebert, The Passion of the Christ. Roger Ebert, 24-02-2004.