Frozen River (Río helado)

Entre las películas con valores más destacadas que elegimos en 2009 estuvo Frozen River (Río helado). Formó parte de la primera de las listas que luego seguimos publicando anualmente y justo hoy, que la web cumple quince años, hago alusión a este largometraje que seleccionamos entonces. Se trata de una muestra del mejor cine independiente estadounidense, ganadora del Festival de Sundance. Courtney Hunt debutó con el pie derecho, demostrando lo que se puede hacer con solo un millón de dólares, si cuentas con una buena historia y unas buenas interpretaciones, ofrecidas aquí por Melissa Leo y Misty Upham.

La cinta escenifica los avatares de Ray, una madre de dos hijos de quince y cinco años. Viven de forma muy precaria en el estado de Nueva York, cerca de la frontera con Canadá. El mayor de los hermanos quiere trabajar para echar una mano con los gastos, pero Ray prefiere que se centre en sus estudios, pese a que su sueldo apenas les da para comprar comida y, menos aún, para la casa prefabricada de la que ha pagado una parte. Su marido es adicto al juego y se marchó con los ahorros que tenían. Cuando sale en su búsqueda conoce a Lila, una india mohawk que se ha quedado con el coche de su esposo. Tras una abrupta discusión, Ray se unirá a Lila en el contrabando de inmigrantes de Canadá a Estados Unidos.

Courtney Hunt engancha desde el principio con una película cortante, que recuerda al cine de los hermanos Dardenne por su estilo y por una temática social que pone el foco en personas marginadas. Sin embargo, este es un film genuinamente norteamericano. Su protagonista trabaja a tiempo parcial en una tienda y no tiene más que unas palomitas para la cena de sus hijos. Su situación la empuja hacia la ilegalidad.

Melissa Leo

Para conseguir dinero extra, debe atravesar el helado río San Lorenzo, desafiando la vigilancia fronteriza. Lila y ella ocultan a inmigrantes que se han hipotecado buscando un futuro mejor en Estados Unidos, algo que le cuesta entender a Ray, dadas sus estrecheces económicas. No obstante, también confía en que las cosas cambien para su familia y lucha por comprar una casa, que es su pequeño sueño americano.

El marido de Lila falleció y su suegra le robó a su hijo al salir del hospital. Aunque su primer encuentro con Ray no es particularmente prometedor, en sus difíciles existencias apenas hay margen para las suspicacias. La superficie del río que cruzan amenaza con quebrarse, al igual que sus vidas. Las dos están en la cuerda floja, casi sin recursos y con el temor de ser descubiertas por la policía. Los parajes invernales, además, son una metáfora de los corazones helados de dos mujeres que han construido una coraza en un entorno hostil. Pero es precisamente ese frío que congela el río lo que las une.

La historia comienza poco antes de la Navidad y, dentro de su aridez, ofrece un momento mágico acontecido en Nochebuena, cuando las protagonistas llevan en el coche a un matrimonio de inmigrantes pakistaníes que tienen un bebé recién nacido. Sucede algo que para Ray es un hecho explicable y para Lila un milagro. Representan las posturas que igualmente puede adoptar el espectador para interpretar lo ocurrido.

Frozen River (Río helado), pese a su argumento, no es uno de esos filmes pesimistas que te dejan mal cuerpo. Hay humanidad en su retrato de la relación interracial entre una mujer blanca y una india mohawk unidas por la soledad y por la maternidad, que impulsa a una pelear por sus hijos y a la otra a no perder la esperanza de recuperar al que le quitaron. Hasta en las peores condiciones alguien puede dar lo mejor de sí, porque incluso en lo más crudo del crudo invierno sigue fluyendo el agua bajo el hielo.