Este año que acaba ha sido el del cine oriental, al menos, en cuanto a humanismo se refiere. Desde aquellas latitudes nos han llegado una serie de cintas sencillas, emotivas y con grandes valores familiares, que acaparan la mayor parte de nuestra lista, donde también destaca a la impactante Gravity.
Una familia de Tokio
2013 | Yôji Yamada
El veterano Yôji Yamada firma un largometraje sobre la pérdida de valores y el ajetreado ritmo de la sociedad moderna, desplegando su historia con una gran pureza narrativa y unos personajes de un amplio registro dramático. La producción ganó la Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid.
Gravity
2013 | Alfonso Cuarón
Al margen de sus aspectos formales, el mexicano Alfonso Cuarón desarrolla una audaz reflexión existencial, articulada en torno al momento crítico por el que atraviesan dos astronautas al quedar a la deriva en el espacio, tras perder su trasbordador en un accidente.
De tal padre, tal hijo
2013 | Hirokazu Koreeda
El relato propone un interesante dilema entre los lazos de sangre y los afectivos, abordando el trance de unos padres que reciben la noticia de que su hijo fue cambiado al nacer. La cinta ganó el Premio del Jurado en Cannes, en la última edición.
Una vida sencilla (A Simple Life)
2011 | Ann Hui
Este sencillo melodrama sobre la vejez escenifica la etapa final de la vida de una persona, sin quitar hierro al asunto, pero sin fatalismos. Procediendo de Hong Kong, llama la atención que sus protagonistas sean cristianos.
La bicicleta verde
2012 | Haifaa Al-Mansour
Frente a unos convencionalismos sociales por los que se considera inadecuado que una chica monte en bici, aflora la mirada libre de prejuicios de Wadjda y del amigo de esta, Abdullah. Sin duda, una de las mayores sorpresas del año.