La strada

En una entrevista para La Civiltà Cattolica, durante los primeros meses de su pontificado, el papa Francisco se refirió a la La strada de Federico Fellini como la película que quizá más le había gustado. No fue el único clásico del neorrealismo italiano al que hizo alusión. En aquella entrevista también dijo que le encantó la obra de Roberto Rossellini Roma, ciudad abierta.

 

La vileza y la bondad

El cine neorrealista mostró la dura realidad de la Italia de la posguerra, mediante historias cercanas, orientadas a despertar la conciencia social. En La strada la inocente Gelsomina es vendida por su madre a Zampanó, un desalmado artista ambulante. Este la incluye en su espectáculo, donde Gelsomina encuentra una motivación en su trágica existencia.

Recuerdo la fascinación que me provocó esta película cuando la descubrí un día de Navidad, hace unos años. Se me quedó grabada esa magia que transmite Giulietta Masina como Gelsomina, con sus aires chaplinescos y la viva mirada de sus grandes ojos, en los que se refleja la ingenuidad que a Gelsomina le sirve de coraza frente al vil Zampanó.

Hay intérpretes que parecen haber nacido para un papel que nadie podría hacer mejor. Fellini escribió el personaje pensando en Giulietta Masina, su mujer, y se empeñó en que fuera ella la elegida, pese a la oposición de los productores Carlo Ponti y Dino De Laurentiis, quienes preferían a la esposa de este último, Silvana Mangano.

Gelsomina es la antítesis de Zampanó, al que representa a la perfección Anthony Quinn, quien un par de décadas después fue el papa de Las sandalias del pescador. A Quinn no le interesaba participar en La strada. De hecho, la insistencia de Fellini fue tal, que el actor pensaba «que estaba un poco loco». Hasta que una noche, en compañía de Rossellini e Ingrid Bergman, vio un film del cineasta de Rimini y quedó tan impresionado que aceptó.

Giulietta Masina y Anthony Quinn

 

La perfecta alegría

Al hablar de La strada en La Civiltà Cattolica, el papa Francisco añadió: «Me identifico con esa película, en la que hay una referencia implícita a san Francisco». Leer esto último me ha llevado a hacer una lectura del film desde la espiritualidad franciscana, que me dirige hacia la pureza de corazón de Gelsomina. Podría decirse que encarna la perfecta alegría de Francisco de Asís, ya que, por mucho que Zampanó estalle una y otra vez contra ella, es incapaz de sentir rencor hacia él.

Aunque Gelsomina no es inteligente, Zampanó no lo es mucho más. Es un tipo violento que la desprecia. Pero, por mal que la trate, la bondad de Gelsomina es más fuerte que la maldad. De modo que la crueldad de Zampanó no llega al fondo de su alma. Incluso habiendo sido vendida por su propia madre, ella es capaz de ilusionarse con lo poco que le ha dado la vida, en particular con el mundo del espectáculo. Su brillo contrasta con la apatía de Zampanó y su lealtad con el egoísmo que recibe a cambio.

El tercero en discordia es un trapecista conocido como el Loco, amigo de Gelsomina y un auténtico incordio para Zampanó. Este personaje es clave. Es quien ayuda a Gelsomina, que se siente pequeña, a encontrar un sentido. Le explica que «todo lo que existe sirve para algo», hasta una piedrecita. Cuando ella le pregunta sobre el propósito de una piedra, le contesta: Sirve para… Eso es lo que no sé, si lo supiese ¿sabes quién sería yo? El Padre Eterno que lo sabe todo… no, yo no sé para qué sirve esta piedrecita, pero para algo servirá, porque si esto fuese inútil, todo sería inútil. Hasta las estrellas. Así lo creo yo. Y tú también, tú también debes servir para algo».