Fausto

Antes de emigrar a Hollywood para rodar la romántica Amanecer, Murnau le dio otra vuelta de tuerca al expresionismo alemán con Fausto. Esta tenebrosa película muda trata sobre la tentación, el arrepentimiento o la libertad del hombre para elegir entre el bien y el mal. La historia se basa en una leyenda clásica germana protagonizada por el sabio Fausto, quien llega a un oscuro acuerdo con el demonio Mefisto, ignorando que este había pactado con un arcángel que si conseguía robar su alma, sería dueño de la Tierra.

Una plaga enviada por Mefisto al pueblo donde vive Fausto pondrá a prueba la fe del anciano. Cuando Fausto comprueba que no funciona el remedio que ha preparado para curar a sus vecinos, se siente desconsolado y se revela contra el silencio de Dios. Su desolación, unida a su búsqueda de sabiduría, le llevan a aliarse con el mal. En principio, su fin es el conocimiento y sella un compromiso con Mefisto que dura un día entero, pero luego el demonio lo tienta con placeres terrenales, ofreciéndole volver a ser joven a cambio de su alma.

Como Murnau ya tenía en su filmografía títulos del nivel de Nosferatu, contó con un generoso presupuesto para filmar el mito de Fausto, en un rodaje que se alargó durante varios meses. Una de sus fuentes fue la famosa versión del cuento tradicional escrita por Goethe. El cineasta alemán hizo un magistral uso de la luz y las sombras, creando toda una experiencia visual, enriquecida por efectos especiales para los que se emplearon multitud de trucos.

Emil Jannings y Gösta Ekman

El estilo expresionista del largometraje enfatiza la fantasía y el terror de una historia que también tiene elementos mitológicos, culturales, filosóficos y cristianos. En la obra de Goethe hay una figura esencial que alude directamente a la Virgen María. Pese a que el escritor había crecido en una familia luterana, coloca a María como intercesora por el alma de Fausto.

En la cinta de Murnau no aparece esta referencia a María, pero se mantiene un tono cristiano respecto a la posible redención de Fausto. Además, incluye una secuencia en la que vemos a un sacerdote católico con una custodia, cuya visión resulta insoportable tanto para Fausto como para Mefisto. En una escena anterior, comprobamos que Fausto, tras su caída en desgracia, no es capaz de mirar una cruz.

Mefisto está convencido de que nadie se resiste al mal, por eso hace un pacto con un arcángel. Sin embargo, lo que no entraba en sus planes era que Fausto, después de caer en sus fauces, se enamorase de la pureza de la bella Gretchen. La maldad ya no le parece tan atractiva cuando la bondad se cruza frente a él. El personaje de Gretchen será visto por Mefisto como una oportunidad para ampliar sus víctimas, mientras que a Fausto le abrirá una puerta a la redención.

La película de Murnau cuenta, en clave fantástica, el modo en que el Maligno puede adueñarse del alma de una persona, aprovechándose de su debilidad. Pero Fausto no está abandonado a su suerte, porque la gracia divina también actúa. Los claroscuros de la fotografía de Carl Hoffmann representan el drama moral al que se enfrenta Fausto, dividido entre las tentaciones del mal y el deseo de hacer el bien. Una elección que todos podemos tomar libremente.