Gente corriente

El interés de León XIV por la cultura ha quedado reflejado en un vídeo donde ha revelado sus cuatro películas preferidas, antes de reunirse con algunas figuras destacadas del mundo del cine. En la lista de favoritas del papa están ¡Qué bello es vivir!, Sonrisas y lágrimas, La vida es bella y Gente corriente. Esta última es la que más llama la atención y de la que hablo en este artículo.

Hace casi quince años escribí sobre este largometraje, pero aquel fue uno de los contenidos que se quedó atrás durante la trabajosa migración a la nueva web de 2014. A raíz del vídeo del papa he vuelto a ver el film y es curioso cómo puedes percibir una misma película de un modo distinto según el momento en que la veas. No obstante, en esencia coincido con lo que decía en aquel artículo, que todavía conservo en una copia de la web antigua, donde destacaba los valores humanos que también podemos encontrar en historias que no tienen una base cristiana.

La cinta gira en torno a una acomodada familia estadounidense, marcada por la pérdida del hijo mayor en un accidente marítimo. Su hermano menor, un adolescente llamado Conrad, intentó quitarse la vida tras lo sucedido y pasó varios meses ingresado en un hospital. Su madre es muy distante con él, mientras su padre hace todo lo posible por recomponer el vínculo entre su esposa y su hijo. El cuarteto protagonista lo completa un psiquiatra que ayuda a Conrad a conectar con sus emociones.

Este drama psicológico, basado en una novela de Judith Guest, supuso el debut de Robert Redford como director. No le pudo ir mejor, pues ganó uno de los cuatro Óscar de una producción que asimismo venció en la categoría principal. Muchos consideran un error que aquel Óscar no se lo llevase Toro salvaje, de Scorsese y de un portentoso Robert De Niro, quien recientemente ha visitado al papa en una audiencia privada. El caso es que en aquella época hubo una especial predisposición a premiar melodramas sobre conflictos familiares, que reflejaban los cambios sociales que se estaban produciendo. Justo el año antes la triunfadora había sido Kramer contra Kramer.

Timothy Hutton y Elizabeth McGovern

Gente corriente no contiene referencias espirituales más allá de una simple conversación de Conrad con una chica que le gusta y con la que siente que podría conectar. La historia muestra una realidad dolorosa, sin concesiones, pero sin renunciar a la esperanza. Los vínculos familiares son complejos, sobre todo cuando falta el afecto que se presupone de forma natural. El largometraje también explora lo complicada que puede ser la relación de una persona consigo misma.

El joven protagonista, interpretado por Timothy Hutton, se mueve sin rumbo ni ilusión por nada, atrapado por su fuerte autoexigencia y por la culpa. Ha interiorizado que tiene que pagar por el accidente de su hermano. La pérdida igualmente condiciona la actitud de su narcisista madre, un personaje que resulta antipático. Tras la inexpresiva frialdad del rostro de Mary Tyler Moore hay rechazo y rabia. Ella se niega a afrontar una situación que su marido, encarnado por Donald Sutherland, intenta reconducir, dejando a un lado sus propios problemas. Es él quien apoya que Conrad acuda a un psiquiatra representado por Judd Hirsch, que es clave para poner orden.

Esta radiografía de las relaciones familiares se adentra con realismo en dramas humanos, por lo que no es de extrañar el interés que despierta en León XIV. El punto débil de algunas películas cristianas estadounidenses está en su resolución de conflictos con soluciones fáciles, como si bastara con ser creyente para que todo vaya bien. Sin embargo, tanto la fe como la propia vida requieren persistencia. El papa declaró en su reciente audiencia que «el cine, cuando es auténtico, no solo consuela: interpela». Esa es una de las principales aportaciones de Gente corriente.