4 estrellas
8
Adiós, señor Haffmann
Título original: Adieu Monsieur Haffmann
Año: 2021
País: Francia, Bélgica
Duración: 115 min.
Género: Drama, Suspense
Categoría: Películas
Edad: +18
Director: Fred Cavayé
Guion: Fred Cavayé, Sarah Kaminsky
Música: Christophe Julien
Fotografía: Denis Rouden
Reparto: Daniel Auteuil, Gilles Lellouche, Sara Giraudeau, Nikolai Kinski, Mathilde Bisson

París, 1941. Joseph Haffmann es un joyero judío, muy hábil con la orfebrería. La ocupación alemana del país le pone en alerta y envía a su familia a un lugar seguro. Con la idea de reunirse con ellos, le vende su joyería a su empleado François Mercier, acordando que la recuperará cuando termine la guerra y ayudará a François a abrir su propio negocio. Pero sus planes no salen como esperaba y no le es posible escapar de París. De modo que se esconde en el sótano de su vivienda, en la que ahora vive François con su mujer Blanche.

El origen teatral de Adiós, señor Haffmann hace que esta sea una película de actores. Sus protagonistas tenían papeles para lucirse que aprovechan al máximo. Daniel Auteuil interpreta con una medida contención a Joseph Haffmann, mientras que Gilles Lellouche aporta mucha credibilidad a la transformación de François. Junto a ellos no desentona Sara Giraudeau como Blanche, redondeando la terna de personajes sobre la que gira una sólida trama, dirigida con eficacia por Fred Cavayé.

Haffmann es un hombre honrado, forzado a efectuar un trato con alguien a quien conoce poco. Su empleado no está demasiado satisfecho con ser su ayudante, porque aspira a más. Está acomplejado por diversos motivos, especialmente por no ser capaz de tener hijos con su esposa. Al convertirse en dueño de la joyería cambia su posición social y eso le lleva a olvidar lo bueno que había en su vida. Tampoco se muestra agradecido hacia su antiguo jefe por el ventajoso acuerdo que ofreció, cuando se ve obligado a ocultarlo.

La tensión del film no decae, gracias al partido que sacan los actores principales de sus personajes y a los sorprendentes giros del guion, uno de ellos realmente perverso. El destacado nivel de producción se nota en los exteriores, aunque la historia transcurre esencialmente en espacios interiores, con Haffmann encerrado en un sótano. Da la casualidad que el rodaje fue interrumpido por el confinamiento al inicio de la pandemia y se reanudó bajo unas estrictas medidas.

La cinta cuenta con un interesante trasfondo moral, ya que pone de manifiesto el modo en que la ambición y el deseo de reconocimiento pueden corromper a una persona. Ni siquiera en el deshumanizado contexto de la Segunda Guerra Mundial existen pretextos para que alguien relegue su conciencia, ni velos tras los que ocultar que los actos tienen sus consecuencias.

Adiós, señor Haffmann (fotograma)