4.0 estrellas
8
Ordet
Título original: Ordet
Año: 1943
País: Suecia
Duración: 108 min.
Género: Drama
Categoría: Películas cristianas
Edad: +13
Director: Gustaf Molander
Guion: Rune Lindström
Música: Sven Sköld
Fotografía: Gösta Roosling
Reparto: Victor Sjöström, Wanda Rothgardt, Gunn Wållgren, Holger Löwenadler, Ludde Gentzel

La notable adaptación sueca eclipsada por Dreyer

La obra teatral más famosa del dramaturgo y pastor luterano Kaj Munk fue llevada a la gran pantalla por esta producción sueca de los años cuarenta, bajo la dirección de Gustaf Molander, antes de que Dreyer filmase una de las cumbres del cine religioso con su magistral Ordet (La palabra), de 1955. Ambas adaptaciones muestran, a través de sus personajes, diferentes actitudes que pueden adoptarse respecto a la fe.

La historia está protagonizada por una familia de granjeros encabezada por Knut Borg, un autoritario padre cuya rigidez se refleja también en sus creencias, marcadas por dudas y por un cierto hastío semejante al de los peregrinos de Emaús. Su nuera Inger es el alma de la familia y la que se encarga de solucionarlo todo. El marido de Inger, que es el mayor de los hermanos, desafía la férrea disciplina paterna. No obstante, el principal desafío para el patriarca llega por parte del menor, quien se enamora de la hija del líder de una comunidad luterana rival, el sastre Petter.

Mención aparte merece el personaje del hermano mediano, Johannes. Su evolución dramática es mayor en la versión de Molander, que abarca más de la obra del danés Kaj Munk, especialmente del principio de la misma. Johannes no pierde aquí la cordura leyendo a Kierkegaard, sino tras una tragedia que le lleva a caer en la locura y a empezar a imaginar que es Jesús de Nazaret. Asimismo, hay una secuencia clave en su transformación, desarrollada en una iglesia, que no aparece en el film de 1955.

Al descubrir esta adaptación mucho después que la de Dreyer, me costó unos minutos entrar en la película. Fue extraño ver a personajes míticos del cine, como Johannes o Inger, encarnados por intérpretes distintos a los dirigidos por Dreyer. La comparación entre ambas versiones es inevitable y lo mejor que se puede decir de la cinta de Molander es que aguanta bastante bien el tipo, ayudada por la sólida base proporcionada por Munk. El cineasta sueco adopta un tono menos solemne, incluso dejando algo de espacio para el humor.

El largometraje indaga en la existencia de los milagros en nuestros días y, en relación a ello, en la verdadera fe que va más allá de la razón, esa fe de los niños esencial en la historia. Por contra, ni el nuevo pastor de la comunidad de Knut ni el médico creen en los milagros, limitados respectivamente por una teología y una ciencia interiorizadas sin apertura. Al igual que el pastor, el sastre Petter tampoco ha asimilado el cristianismo de forma adecuada. Petter, que es pietista, representa el fanatismo y utiliza la Palabra de Dios para condenar al prójimo.

Teniendo presente el final con el que Dreyer redondeó su obra, a medida que iba avanzando la película crecía mi curiosidad por saber cómo terminaría. El desenlace me pareció más que satisfactorio. Dreyer, claro está, era un maestro de la narración y del manejo de la imagen. Jugaba en otra liga. Pero la versión de Gustaf Molander es notable, aun siendo más convencional y mucho menos conocida.

Esta producción se estrenó durante la Segunda Guerra Mundial. No sé hasta qué punto este contexto bélico frenó su distribución internacional. Quien no pudo verla fue Kaj Munk, asesinado por la Gestapo solo unos días después del lanzamiento del film en Suecia. Munk, antes de convertirse en una de las víctimas de la barbarie, dejó como legado una de las bases literarias con las que el cine ha iluminado de un modo más certero el misterio de la resurrección.

Ordet (fotograma)